sábado, 19 de enero de 2013

EL CARTABÓN DE NUESTRA VIDA .



EL CARTABÓN DE NUESTRA VIDA

Rafael Monsterios (Barquisimeto, 22 de noviembre de 1884-1961). Paisaje de Catia, 1944.


Un cálido aire amansa la madrugada.
Un cierto espejismo,
una elegancia furtiva entre las sombras,
desvanece la tertulia del sueño.

Regresamos del festín cofrade,
justamente cuando el sol
avanza hacia los confines del día,
a veces algunas voces familiares,
los sonidos de las piedras
y las maderas en su afán de árbol,
nos retienen en ese lado del mundo
de donde no queremos despertar.

Cómo copiar
entre los pliegues de la noche,
con fiel mano de sastre,
el cartabón de nuestra vida.



Santa Cruz de Mara, 11/12/2012



José Francisco Ortiz


domingo, 13 de enero de 2013

TAIMA


TAIMA

Héctor Poleo (Caracas, 1918-1989). Pintor, dibujante, grabador y muralista venezolano.Tres figuras en marcha.




Donde  la vida tenga atenuado su río

porque un cardumen de peces podridos

cubre la vera de los pasos perdidos, taima.



Donde haya un fragor de máquinas

y pérfidos claustros de las ruinas del hombre,

descastados hombres de la noche

y sus diamantes fabriles del odio, taima.



Donde ya no existan las voces atrevidas

para entonar una canción liberadora, taima.



Taima,

que necesito respirar

volver al río, abrir las puertas, acosar

la noche para que regrese el sol,

y viajar con mi mujer y mis hijos

por los claros sueños del camino.



Santa Cruz de Mara, 20/11/2012







José Francisco Ortiz Morillo

viernes, 11 de enero de 2013

LO HUMANO


LO HUMANO


Remedios Varo (1908 – 1963). Pintora hispano mexicana. El mundo



Todo humano tiene sus dioses implacables, sus demonios infames y el rescoldo de lo imposible como carta de navegación. No siempre estas cosas funcionan como alertas en el alma, ni siquiera fecundan un destino, son sólo pruebas y nada más.

Entonces, debe hacer sonar el eco de la sangre, en la magnífica irreverencia ante lo creado que llega como manifestación de lo exterior, para ofrecerse legítimamente como su propio hacedor.

No es tan sencillo, las voces de la sangre también reclaman un origen deificado y de tanta sombra a veces cree venir de las estrellas, su parte más oficiosa la construye la costumbre, la mirada, las pertenencias, lo natural de lo visible que es en sí mismo un ocultamiento y arraigo a lo imprevisible de la vida.

Somos menesterosos entregados a la caridad del mundo. Así ha construido la humanidad sus estrategias para no enfrentar lo insondable que hay en cada individuo y rendirse ante la excusa de lo colectivo, porque así las cosas son materia previsible, cascarón donde se acomodan las insuficiencias de la cultura y no sabe, no quiere saberlo, la materialidad trocada en ángel protector luce sus galas hasta las puertas del infierno.


Santa Cruz de Mara, 28/7/2012


José Francisco Ortiz Morillo.

miércoles, 9 de enero de 2013

FILIACIÓN DE LAS PALABRAS

Anne-Francois-Louis Janmot (1814-1892). Pintor francés.




A Lisbeth Morales, un ser humano especial.



La tierra es la madre del poeta;
y la nube, el padre.
Pon los pies en la tierra, suelen decirle
(¿cómo podría el poeta pisarla?)
cuando anda en el aire suspendido,
cuando balbucea algunas palabras
ignoradas para la prole humana
que le mira desde su lejanía
y no acierta a descifrar
qué es lo que hace este hombre
a tanta distancia del común decir;
no saben que conversa con su padre
acerca de las estaciones, del clima
y otras cuestiones no menos
fundamentales como el crecimiento
de la hierba, los pájaros y la cálida
efervescencia de la gente
que se anuda a sus querencias…
Entonces, como un regalo, la nube,
llueve para que todo germine
y haya paz entre los hombres.



Santa Cruz de Mara, 9/1/2013



José Francisco Ortiz Morillo

domingo, 6 de enero de 2013

LAS CARTAS DE MI MADRE


Jan Vermeer de Delft (1632-1675). Pintor holandés. Dama en azul, 1664.



Mi madre solía escribir largas  cartas,

un torrente de palabras venía de pronto

de su silencio, de la pobre soledad

de sus días y las enmarcaba desde sus ojos

negros de relámpago y niebla

como un turbión de ecos contra

la vastedad del porvenir ignorado.



Sus cartas perfumadas iban a mi padre

—no sé si las leía, estaban tan distantes—

algunos destinos buscaban el calor

de los familiares ausentes, un secreto

decir, lento y auspicioso hablaba

de otros tiempos, de la casa y de los abuelos

de alguna muerte ignorada

que sólo en los patios, cuando el sol

acuciaba las sombras, era recordada.



Cuando mi madre escribía

las cartas con la tibia humedad de la mirada,

con la brevedad ignota de las palabras,

yo tenía la certeza del mensajero,

seguramente un niño porque,

en la edad de la pureza,

únicamente se puede acercar a Dios.





Santa Cruz de Mara, 5/ 1/ 2013






José Francisco Ortiz Morillo