martes, 8 de noviembre de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. POESÍA, UNIVERSIDAD Y DIÁLOGO






POESÍA, UNIVERSIDAD Y DIÁLOGO






Hace apenas algo más de una centuria, nuestra universidad se vestía con los lauros del tiempo. Desde entonces, no sólo gentes trashumantes, atraídas por la feracidad de las tierras zulianas, armaron solar y tiendas para la vida buena sino que de la preñez de la utopía vendrían los hijos del mar, de la montaña, del sur y de los llanos al convite de esta casa grande donde todos hemos crecido y abundado en sueños.

Ramón Menendez Pidal
Yo vengo a celebrar esa utopía. A celebrarme a mí mismo en la palabra cierta de tantos que me quieren y hacen posible que mis poemas crucen el Atlántico de vuelta al lugar exacto, de la palabra viva que nuestro Andrés Bello buscó en el Mío Cid , cuando en la expresión de Menéndez Pidal , la reconstrucción de ese texto, “es hoy todavía muy estimable por haber comprendido mejor que las siguientes el sistema de asonancias del poema, y por la mesura y acierto de las correcciones que introduce en el texto de Sánchez ” (1) , y, además, agregamos nosotros, de imponderable valor su Gramática del Castellano; el ámbito de Rafael María Baralt donde anuncia con lozanía la dignidad de nuestra lengua y le convierte en el primer Hispanoamericano en la Academia de la Lengua; la heredad del mar y sus maravillosos aposentos donde Andrés Eloy Blanco redime el acento de lo propio con su Canto a España, y, seguramente, porqué no decirlo, Eugenio Montejo lo graba para siempre en “algunas palabras (...) de raudos azulejos”
 Va, entonces, mi palabra hacia esos rumbos. Así lo ha querido nuestra Universidad, y yo me siento honrado por tan alta distinción, al postularme al Premio de Poesía Hispanoamericana “Reina Sofía”, señero galardón de las letras castellanas. A esa gesta anual concurren las plumas más relevantes del mundo hispánico, allí lucen sus galas la nombradía de nuestros pueblos.

 En mi caso, he cultivado y guardado la poesía como una secreta conciencia, como un amor perfecto. No sé si lo he logrado (...) No sé si los años de transitoriedad por la vida me convenzan de que la vida es una pasión inútil.
 Sin embargo, expreso, ante el inmenso honor de que he sido objeto que este compromiso alienta la fragua de mi alma que no cesa de mirar, de mirar hacia adentro, para que la vida en sus vértigos de sombras, alcance la voz de tantos que me han susurrado sus esperanzas en la contingencia de los días. Así lo percibe mi conciencia, como una ofrenda a la constancia de no cejar en el arado. Yo sé que el labriego cree en su cosecha aún en ausencia de las lluvias, y no cambiaría jamás el rumor de los vientos por un cielo estrellado.
 Sé que este oficio de escribir tiene de suyo la irrebatible oquedad de la nada. Nunca sabemos exactamente hacia dónde nos dirigimos, quién nos escucha y acompaña en las horas en vela. Sólo somos hierofantes de la intuición sin que podamos arrebatarla de la fugacidad que la nombra. Se dice que éste es el más inútil de los bienes y el más inocente de los menesteres. Todos los que transitamos este camino lo reconocemos, y, aún así, continuamos con pasión ineluctable.
Hans-Georg Gadamer
 Hans-Georg Gadamer (2) ha escrito en Poema y diálogo, a propósito de Paul Celan, del pescador que lanza su red en playas futuras (léase poeta). “...el que quiera capturar, el que quiera lograr y tener la suerte de obtener lo que espera, no tiene más remedio que lastrar. Lo que se lastra es aquí la red desplegada de la expectación. ¿Y cómo se lastra la expectación? Al parecer mediante las sombras que proyectan las experiencias y los desengaños que uno arrastra consigo. Ninguna esperanza es absolutamente futura si no está lastrada con esas sombras”

 Estamos, ciertamente, en una hora difícil de la humanidad. Lastrar la red para que las voces no se hundan en la anomia, para que existan aun en el sobresalto del miedo, es un tarea que nos impone la llama de lo humano.

 Esta es una hora grave. Tal vez los poetas no tenemos las respuestas, pero sí, lo confieso, deberíamos estar en las trincheras de la palabra, aguzando el oído, expectantes y clarividentes para anunciar los tiempos nuevos. Sé, y no quiero llamarme a engaño, que las sociedades van hacia una forma de entropía inenarrable que, por los efectos masificadores de la imagen, son arrebatadas de sí mismas.

Stephen Hawking
 Si pudiéramos comparar los miles de millones de años que le ha llevado a la naturaleza construir el espacio que habitamos, hacernos lo que somos, “gemas en el universo”, para decirlo con palabras de Stephen Hawking , (3) entonces aún contamos con algunos segundos para que la inteligencia y el amor sobrevivan.

 También sé que la universidad no tiene todas las respuestas. Pero está obligada a construir sobre estos segundos una nueva esperanza, un destino más claro para la humanidad. Los hombres y mujeres que la conforman ocupan posiciones de excepción en el entramado social y están ubicados en la cima de la producción del conocimiento. Hagamos pues que este conocimiento sea eficaz para enfrentar con suprema dignidad el mal que corroe a nuestro tiempo.

Finalmente, reitero infinitamente mi agradecimiento por este doble honor que recibo de La Universidad del Zulia, al publicar, también, mi más reciente producción literaria “Musgo de nuestras aldeas”.

 Este es un libro que ofrezco con fervor a mi tierra venezolana. Son si se quiere las visiones de alguien que alienta, sobre las huellas de la faena universitaria, el mundo que lo recorre desde su infancia, sus estigmas y sus nunca canceladas lecturas de maravillosos libros que otros escribieron y que rumian sin cesar su existencia.

 Los que conversan diáfanamente conmigo cuando abro la puerta de mi biblioteca y fluyen sin cesar y siempre nuevos en cada página que leo. A los compañeros poetas, obreros y estudiantes que andan con nosotros, palmo a palmo, en el esplendor de esta ciudad que llamamos Maracaibo. A los jóvenes que sienten el reclamo de la palabra y no se resisten al encantamiento de su destino. A Domingo Bracho, rector y amigo, por tanta solidaridad. A Nelly Zambrano y Asdrúbal Cuauro por la nobleza de sus actos. A todos los aquí reunidos cada uno con su red para alcanzar en el mar de los sueños, el cardumen que a ratos espejea en las sombras del porvenir: una misma vocación universitaria y de país. A mi esposa Luz y a nuestros hijos maravillosos que nos han ayudado a construir cada espacio para la poesía, quiero agradecerles tanto y, al mismo tiempo, ofrecerles la lectura de “Musgo de nuestras aldeas”.

José Francisco Ortiz


Notas:
(1)R. Menéndez Pidal siempre admiró la obra de Bello. Obras completas. Cantar del Mio Cid. Tomo V. Cuarta edición, volumen III (1969), editorial Espasa-Calpe. También, Millares Carlo me expresó este cariño no sólo hacia Bello, sino, igualmente, con emoción hacia Rafael María Baralt. Testimonio recogido en mi libro Diálogos, editado por la Universidad del Zulia y la Fundación para el Desarrollo Educacional (1991).  

(2)Hans-Georg Gadamer es uno de los hermeneutas más importantes del siglo XX. Sus estudios sobre el diálogo han originado nuevas perspectivas al ámbito de la comunicación. Poema y diálogo es una colección de ensayos donde asume los fundamentos de sus búsquedas. En nuestro medio, Antonio Pérez Estévez es uno de los conocedores más importantes de este autor.

 (3) Stephen Hawking es el cosmólogo más importante del siglo XX y, seguramente, lo será bien entrado el presente siglo. Sus estudios sobre los orígenes del universo y sus aportes a la física son determinantes para comprender al hombre y su ubicación en el tiempo y en el espacio.

Palabras pronunciadas por el autor con motivo de la presentación de su libro “Musgo de nuestras aldeas”, 2003.