sábado, 5 de noviembre de 2011

UN CONVENIO ANTIGUO




 
Freddy Castrillo, pintor venezolano (Caracas, 1950) - Callejón




Blas Morillo (mi abuelo) tenía una pulpería en la calle de comercio en Carache. Era un comerciante próspero, con algunas vegas de caña de azúcar que a su muerte se desvanecieron.

Cierto día apareció el arriero con sus mulas y la carga de víveres. Don Blas, dijo el arriero, aquí  están las provisiones.
Llega en mal momento, contestó el abuelo.

Jorge Apperley - Burros-detalle
No comprendí aquella frase (sin explicaciones de lo que hubiese ocurrido); seguramente provenía de antiquísimas formas de hablar y de conducirse de esos hombres impasibles.

No importa, dijo el aludido, haremos el convenio.

Está bien,  contestó Blas, alisando el bigote y, al desprenderse un pelo, daba por sellado aquel acto memorable

¿Cuándo vuelvo?

Dentro de quince días.

Quince días que fueron para mí de expectación con sus largas noches, de  horas  que el péndulo cortaba sin prisa, alargando el misterio rondaba mis pensamientos. Quince días, que ahora, pasan como una nube en mi memoria. Es posible que hayan transcurrido con las travesuras propias de la edad, que hubieran atravesado los caminos del pequeño bosque lindante de la casa: bosque de naranjos, pomarrosas, mangos, y de lianas de los bucares y cedros movidas por el viento sobre el remanso del río. Es posible. Es posible, pero no están en mis recuerdos.

El décimo quinto día amaneció neblinoso. Acurrucado al borde de la acera, con temblor de las manos en las faltriqueras. Sabía que en cualquier momento surgiría, como un fantasma, el arriero con sus mulas. Lo vi venir porque el  sol  tintineaba en la empedrada calle y el corcoveo travieso de los animales resistía a la helada mañana.

Detrás de mí sonaron las puertas. Un leve quejido de las bisagras dio paso al cuerpo, casi aéreo, de mi abuelo. Me miró con asombro y quería esfumarme, porque ya conocía el dictado de sus  gestos cotidianos. No me importaba. Era más fuerte mi curiosidad ante aquel secreto. No sé qué ocurría, pero el tiempo andaba acelerado y  las imágenes corrían en tropel por la calle hasta anidarse en mi corazón y reventar de pronto como en un día de feria en mi pueblo.

Miguel Renom, pintor español (Barcelona, 1912) - st

Buenos días, Don Blas.

Buenos días…

(No sé por qué no recuerdo el nombre del paisano y sólo queda de aquel instante como una foto que va desvaneciéndose sin cesar y que yo repaso entre mis sueños para que no se oculte en la espesura de los años).

Aquí está su pelo de bigote, dijo.

Aquí su pago, contestó mi abuelo.





José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 25/9/2011