ENSAYOS




ENSAYOS







EL LEGADO POR DESCUBRIR. *



Hay pueblos de mansedumbre hechos para la ignorancia y la necesidad. Viven porque les es dado existir sin otro recurso que la morosidad frente al destino. Hay pueblos estupendos haciéndose día a día en el fragor de la inteligencia. No son colectividades desmesuradas hechas de oprobio y hegemonía. No son pequeños Estados esperando la miserable dádiva del poderoso. Son sólo pueblo. Y decirlo es suficiente porque resume el legado de la trascendencia.

Estas son reflexiones a un siglo de distancia, cuando Trinidad Bracho Albornoz, un corajudo periodista, montó en las galeras de “EL NOTICIOSO” el afán de un pueblo. Había que recuperar la autonomía que un ególatra le conculcó al Zulia. Ese enfermo poder, como ha ocurrido a lo largo de la historia venezolana, alentaba un nuevo mapa del territorio nacional. La historia nos ha hablado hasta el cansancio de Guzmán Blanco.

La hazaña de Trinidad Bracho Albornoz en las páginas de aquel periódico obtendrá los laureles de la autonomía recuperada en 1890. Un año más tarde, el 11 de Septiembre, se instala la Universidad del Zulia. “La playa de pescadores” quedaba atrás como el mal sueño de un general sin memoria. Un destino crucial. La Universidad surge en nuestro continente en el siglo XVI, siendo la más antigua la de Santo Domingo (1538) y le siguieron las de Lima y México en 1551. Venezuela habrá de esperar dos siglos para tener universidad en Caracas (1723). Para ese entonces no había nacido la camada de hombres libertarios.

Vendrían, en los primeros lustros del siglo XIX, los hacedores de nuestro destino. Un destino crucial y terrible porque la patria se deshacía con la ferocidad y astucia de un enemigo casi invencible: la ignorancia y el miedo. La patria crecía a contragolpe de los cascos de los caballos, las polvaredas y las tintas inflamadas de aquellos jóvenes que creían en un mundo de libertad. No en balde los héroes de la Victoria (1814) fueron universitarios. Luego de la independencia, el país quedo en manos de los caudillos.

Maracaibo es el asiento del caudillismo regional que, por la amenaza y la fuerza, prevaleció sobre los caudillos locales. Es famoso el caso de Venancio Pulgar que arrasó a sangre y fuego a la Villa del Rosario, para dejar claro quién tenía el poder. Los villeros se negaron a aceptar los pedimentos de Pulgar. Este terminó quemando a la Villa y matando a unos cuantos de sus habitantes. “El caudillismo zuliano con respecto a la generalidades del país es exactamente igual en esencia pero difiere en la estrategia, si tomamos, por ejemplo, a Coro o a Trujillo; estos son caudillos de peonadas mientras que el zuliano, resaltado en Pulgar y en Sutherlan, son ilustrados y civiles”, expresa Rutilio Ortega.

En los últimos años del siglo XIX encontramos en el Zulia y en el resto del país partidos políticos incipientemente organizados pero no con la estructura política básica que hoy conocemos. La estructura básica son los caudillos que se extienden en el tiempo hasta Gómez. Aunque existían partidos políticos como el Azul, el Liberal, el Conservador, son una especie de parapeto europeo que tratan de montar los caudillos y sus intelectuales aliados para esconder la verdadera fase de la ley del más fuerte. No hay conciencia de clase. No hay estructuras populares. Las Asambleas Provinciales, los Concejos Municipales, los Congresos están penetrados por los caudillos. Con la Guerra Federal y el Liberalismo Amarillo, y sus hordas devastadoras, la riqueza agraria apenas era una anécdota. Venezuela quedaba a finales de ese siglo casi en penumbras.

En el ámbito mundial la colonia se iba desdibujando con los acontecimientos europeos y un nuevo clima enrarecía las relaciones centro periferia. El reparto del mundo en manos de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia constata esa realidad. El capitalismo de viejo cuño avanza hacia el capitalismo monopólico; sin embargo, al mismo tiempo, el socialismo encuentra el suficiente caldo de cultivo para afirmar su presencia. Su mayor propulsor, Carlos Marx, moría el 14 de Marzo de 1883.

Seis años más tarde en 1889 con motivo del primer centenario de la Revolución Francesa, se reúne en Paris la Primera Internacional Socialista. Un año más tarde, por decisión de ese Congreso, se comenzará a celebrar el Día Internacional del Obrero el 1° de Mayo.
A finales del siglo XIX, Maracaibo era toda efervescencia. Era, prácticamente, un pueblo con un crecimiento económico, social y cultural importante, con apenas unos 30 mil habitantes. “En la medida en que va cuajando la región histórica marabina, como provincia de Maracaibo hasta 1864 cuando se produce la primera Constitución Federal del país, va a tener un desarrollo hegemónico en toda la Cuenca, aún sobre Gibraltar y La Rita” (Conversación con Rutilio Ortega). Maracaibo se constituye así en el núcleo más importante del control político y económico de la región. Debido a su situación privilegiada, todas las redes comunicacionales, incluyendo las andinas, confluyen hacia ella. Maracaibo se constituye en puerto principal. Es la primera ciudad venezolana en poseer luz eléctrica y la primera en conocer el cinematográfico, a escaso tiempo de su descubrimiento por los hermanos Lumiere en Francia.

De esta manera el Zulia fue creando su propia visión de la cultura. Un pueblo con voz propia. Rafael María Baralt el primer hispanoamericano miembro de la Real Academia de la Lengua. Francisco Eugenio Bustamante realiza intervenciones quirúrgicas que haces brillar las ciencias medicas venezolanas. El pensamiento de Manuel Dagnino hace aportes al creacionismo. Y, para refrendar toda esa actividad, en 1883, Maracaibo llega a tener unos diez periódicos algunos de ellos en gran formato y circulación diaria: La universidad del Zulia. El 11 de Septiembre de 1891 se instala la Universidad del Zulia por decreto del Presidente Raimundo Andueza Palacio. De alguna manera la onda expansiva surgida desde el diarismo zuliano fue dando sus frutos cuando el Colegio Nacional de Varones que había sido fundado en 1839, es elevado a máxima casa de estudios.

Nuestra Universidad surge en momentos de cambios profundos en la humanidad. Un nuevo siglo está a las puertas del tiempo. Hombres de raigambre histórica se habían sumado para tal fin. La Ciencia y el Arte van de la mano. La poesía abre las puertas de la Universidad. Udón Pérez, Francisco Eugenio Bustamante, Francisco Ochoa, Pedro Luengo, entre otros, habrían de conferir lo mejor de su talento a la cristalización del porvenir regional. Sin embargo, esta conquista va a perderse en 1904 cuando, bajo el gobierno de Cipriano Castro, se la clausura. Los motivos: una ciudad tan pequeña como Maracaibo no estaba preparada para tener Universidad y, además, el exceso de profesionales iba a dejar sin manos el agro.Caía sobre el Zulia el fantasma redivivo de Guzmán Blanco. Para él, ésta no era más que una “playa de pescadores”; para los nuevos gendarmes, tal vez no era más que una hacienda. Hubo de darse dura lucha para lograr su reapertura.

Lo cierto es que desde esa fecha hasta su reapertura –unos cuarenta y dos años – habrían de ocurrir hechos fundamentales: las dos guerras mundiales, el auge del capitalismo y su férrea imposición sobre los pueblos del Tercer Mundo; el cambio de modelo económico venezolano que, por la presencia del petróleo va hacia una economía altamente monoproductora. Las casi tres décadas de la dictadura de Juan Vicente Gómez crean en el venezolano un apatía frente a la dinámica mundial. El Zulia perdió, con el cierre de su Universidad, la garantía de su desarrollo social y económico. Perdió influencia en la vida política. El centralismo se adueñaba del país. Post nubila phoebus “Después de las nubes, el sol”. Las palabras pertenecen a Jesús Enrique Lossada primer rector de la Universidad del Zulia en su reapertura, uno de los zulianos más preclaros del siglo XX, su vida se funde en el crisol de la autenticidad de un pueblo esperanzado por un destino mejor.

Quizás no hemos valorado en su más profunda cualidad la fase que orla el escudo de la Universidad. Acaso, nunca hemos sentido el fragor subterráneo de una colectividad forjándose constantemente para redimirse en la luz. Tal vez el precio que tuvieron que pagar todos aquellos hombres, en pasión e inteligencia, nos encuentre en un tiempo fragmentado por el pragmatismo.

Y tal vez esta sea la lección incomprendida. No tener memoria para lo grande. Hemos desperdiciado los mejores talentos porque la contingencia y la precariedad en la lucha nos ha hecho débiles, porque no hemos sabido sumar allí donde un hombre en la soledad de las multitudes se atrevió a reclamar la dignidad para su pueblo.

Este es el nuevo reto de la Universidad, mirar hacia adentro como en una caja de resonancia a cada joven que alienta en su conciencia la búsqueda de un mejor destino para Venezuela. Son jóvenes que no se arredran frente a los cambios. Es más, los provocan, porque lo anquilosado, lo inerte es terriblemente corrosivo. Son jóvenes que, en el poema de Pablo Neruda al Libertador, emergen de sus propias raíces “cada cien años cuando despierta el pueblo”.




José Francisco Ortiz Morillo.






*Reflexiones publicadas en "La iguana" períodico estudiantil fundado por el entonces Secretario de LUZ, Ing.Lenín Herrera, y dirigido por Ana Irene Méndez.







HACIA LA REAPERTURA (1996)*



El 11 de Septiembre de 1991, nuestra universidad celebró el Centenario de su fundación. Los eventos que han marcado su historia señalan la influencia de ésta en la vida social, cultural, económica y política de la región, a pesar de haber sido clausurada en 1904 por Cipriano Castro, y no es hasta 1° de Octubre de 1946 cuando reabre sus puertas.

Ahora, nos acercamos al 50° Aniversario de su Reapertura. El signo de los tiempos no le es ajeno. Los contrastes recurrentes en las crisis de la sociedad contemporánea, cuando el impacto de la tecnología arrastre hacia una nueva visión de la ciencia y el arte.
Relevantes hechos históricos muestran el periplo de estas cinco décadas.

El mundo alcanza conquistas que la humanidad hasta entonces no había logrado a lo largo de toda su historia, pero, al mismo tiempo, comete las mayores atrocidades contra su propia naturaleza.
Nuestro país gira entre dictaduras y, finalmente, logra el afianzamiento de su democracia. El Estado Zulia apremia por la solución de sus problemas más importantes, en tanto de su subsuelo brota gran parte de la riqueza económica nacional.

Lo que ocurre en el mundo y en el país no le es indiferente; sin embargo, en esta celebración es necesaria una reflexión que mire hacia adentro de la comunidad universitaria para analizar con ponderación los éxitos y fracasos en los procesos del conocimiento. Sólo esta óptica puede ser consecuente con el origen, evolución y permanencia de la Universidad del Zulia en la formación de una ética posible en el venezolano del mañana. Mostrar la legitimidad de su acontecer es la prioridad en estos difíciles momentos por los que atraviesa la nación, y, consecuentemente, preparar en la fragua de la conciencia los cimientos de la universidad de vanguardia que reclaman los nuevos tiempos: tal vez aún nos parezca que adolecemos de dificultades teóricas para armar nuestro propio futuro, y que una trabazón de circunstancias nos colocan en desventajas en la pista del desarrollo. Si bien es cierto, por razones meramente formales: no podemos ocultar que el ruido social contemporáneo del viejo mundo y de las potencias que dominan los factores de cambio, adormecen nuestras esperanzas.

Pero, ¿es posible que esta fatalidad castre la acción de nuestros pueblos y quedemos a la orilla del camino tragándonos el polvo que ha dejado el carro de la historia?

Yo creo, con Hölderlin, que los dioses existen pero que ellos se han marchado a nuestra llegada y nos han abandonado. Sólo nos quedan los poetas que como adalides de la vida marchan en la oscuridad de la noche. Esos poetas los encontramos en la ciencia y en el arte. Ellos estiman la grandeza humana. Ellos confían en el porvenir. Qué bueno que los dioses se hayan ido pues ello es significativo del poder humano. Qué bueno que el santuario del hombre esté en la universidad y que haya colocado sobre las columnas de la ciencia y el arte las antorchas que rasgan la más cerrada de las noches.

Magnifico Rector, Ilustre Consejo Universitario: Los miembros de la Comisión Central para la celebración de los 50 años de la reapertura, estimamos en su justa dimensión esta altísima responsabilidad que hoy se nos ha encomendado. Haremos de ella, junto con los investigadores, profesores, estudiantes, empleados, obreros y egresados, un estandarte de honor porque somos todos hijos de la memoria y hermanos de una misma utopía.



José Francisco Ortiz Morillo.


*Discurso pronunciado en el Consejo Unversitario con motivo de mi nombramiento como Secretario Ejecutivo de la Comisón Central para la celebración del Cincuentenario de la reapertura.







LA TIERRA PROMETIDA


I






Aún no hemos dejado el siglo XX. No estamos lo suficientemente alejados porque los destellos de los fuegos artificiales cubren por instantes la desvelada noche centurial, y la opacidad refractada, nos hacen ilusionar: la sangre regada por la juventud en este redondo suelo para que jamás volvamos a ser encadenados. 

Agitado en su espacio, el hombre sólo percibe las mínimas vibraciones de la vecindad de sus pares, y confiado no teme porque ha forjado con acero los muros de la ciudades, ya no hay secretos que su alma viviente pueda ocultar porque su ingenuidad ha autorizado a la tecnología para que anide en lo profundo de su morada y por un acto de birlibirloque piense en el acto de comunicación como un privilegio de la civilización. 

Cuánta ingenuidad y qué pérdida de la garantía del grado humano porque esa efervescencia es apenas un síntoma de la gravedad de los males del porvenir: la humanidad, no lo sabe, es aspirada hasta el vértigo por el festín de sus propias indolencias, al parecer la conquista del vacío de una sinfonía sin instrumentos ni ejecutantes: hay juegos donde muere gente de verdad: guerrilla, narcotráfico, terrorismo como extensiones del alma depredadora, y hay juegos cibernéticos, donde lo emulado, camuflado donde muere gente virtual, justifican y hacen inocuo el sentido del crimen, porque anulados los efectos, el cuerpo entra en la inercia de lo posible.

Hoy mismo no es suficiente como una señal esta diatriba, de ruido infernal, de la política en el orbe tras un discurso grandilocuente de superación de la pobreza, de la excelencia en el desarrollo agrícola y pecuario, de los altos rendimientos de la operaciones bancarias, de los grandes consorcios de la construcción de viviendas, de los avances de la ciencia y de la tecnología en aras de un hombre cada vez mejor, mentiras, mentiras hasta la médula porque en el mundo de la anomia, la mentira es una moneda de cambio. Y esa moneda, una por una, son los arietes de la nueva esclavitud.

Es posible que haya una salida: que el imaginario sagrado vuelva a las fuentes para escuchar la gramática genésica, y cancelados los despropósitos de las alteraciones de los escribas, el hombre pueda reinventar la manera de vivir en el mundo, y con nuevos signos, los signos de su carne y de los latidos del corazón haya un espacio futuro.


Santa Cruz de Mara, 5/6/2012




LA TIERRA PROMETIDA

II
                                  



Hay un lugar donde la existencia se advierte como un túnel, un tiempo con su propia historia, sus amenazas y glorias, en fin un espacio del cual nos desprendemos en cada amanecer.

Así las cosas parecen harto triviales, actos repetitivos, no menos que los rebotes de una pelota, incluso cuando la quietud se afirma sobre su clamorosa redondez, y hay cierto sentido de vacío que el movimiento recupera de las batientes formas del olvido y el cuerpo obedece como pulsado en sus cuerdas con un ritmo inacabado.

Esta sensación de lo inacabado, de lo inconcluso, de la dejadez y su sombra, es el habitáculo del alma solitaria, y no sabemos el porqué del imaginario reprimido de cierto hacer sobre la mirada. Quizás el alma romántica no fuera en realidad más que una representación del inconsciente anidada en el individuo, no liberado de su tiempo y aún pervive como un eco en el alma del hombre contemporáneo, y se manifiesta en la actualidad en la reificación de las masas.

El movimiento que era una de las características de la tipificación sociológica de lo aglutinado no en balde poseía el don de la plasticidad porque depauperado de todos sus bienes renacía, una y otra vez, de la esperanza que granaba en sus raíces.

¿Qué tenemos ahora?

Por extraño que parezca, percibimos el mundo como un punto infinitesimal inamovible. En su horizonte espacial, lo inerte se expande en un entramado de galaxias, pero lo humano, digámoslo sin fatalismo: cada fin de milenio tiene su propio drama, en un guión largamente preparado por la historia. 

 
                                                                          
Santa Cruz de Mara, 7/6/2012.


             
José Francisco Ortiz
              


EL MUNDO NO REVELADO EN LA POESÍA

George Inness, pintor estadounidense (1825 – 1894) – October


Hay un mundo no revelado en la poesía; o sí, revelado para todo aquel que sin saberlo en los juegos de la infancia, en las travesuras, en la mesa donde era servido el pan, en las miradas cómplices, en la escuela, la iglesia, las plazas, las calles (no sabemos dónde) gestaba silenciosamente a un poeta. Cuánto no se ha perdido de esa ilusión dormida porque algún maestro fracasado, un tosco amigo, un padre soberbio, un pueblo ignorante consumieron hasta el fondo la voluntad que había en aquel ser. La poesía, lo sabemos, no es fácil. Aquellos que han logrado traspasar tales barreras lo saben. La construcción del poema es un espacio del lenguaje huidizo; tal vez por ello muchos hacen malabarismos con las palabras, algunas cabriolas (algunas veces felices); otros dormitan aferrados al diccionario y lánguidos perecen porque el poema puede estar en todas partes y en ninguna, porque el poema sólo está en lo humano, y en ese espacio es donde anida la palabra. Mucho se ha escrito acerca de ello, por apenas nombrar a algunos (contemporáneos): María Zambrano (Filosofía y poesía), Octavio Paz (todos sus libros), Ernst Cassirer, Gastón Bachelard, Gilbert Durand, Fernando Paz Castillo, Eugenio Montejo... La lista sigue, y seguirá... Mi querido amigo y hermano Zoilo,  la poesía, su poesía en especial, ha sido fraguada lentamente; por eso es segura y puede alcanzar un clima especial. ¿Ha notado, mi querido amigo, que más del 90% (perdón por la estadística) de quienes lo comentan son talentosas mujeres que, subyugadas por su verbo,  son igualmente poetas...? Octavio Paz ha encontrado como ninguno esa erotización del lenguaje.

                   
José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 28/07/2011



Comentario hecho al poema Elevación, del poeta Zoilo Abel Rodríguez.






APUNTES DE LA IMAGINACIÓN
(Poética del soñador lúdico)

M. C. Escher, artista holandés (1898 – 1972), Convex and Concave, 1955


El cerebro tiene su cima mas su residencia está en el cuerpo. Suele pasearse según su ánimo por las habitaciones que la constituyen y, sin embargo, no es una casa común porque puede duplicarse, expandirse y  luego  transformarse en  pueblo, en ciudad…en el universo dentro de un mismo individuo. Los universos posibles son infinitos.

El cerebro es su  imaginación. Su legado es la superioridad de la vida que construye desde esas pequeñas ventanas (los ojos) cuando la contingencia se desborda sobre el vivir.

Qué maravillosa estrategia, hacer que esas estructuras de la realidad entren indemnes a sus dominios y por una suerte  de magnífica combinatoria, no solo hacer que pervivan intactas en la memoria sino que: obrero, constructor y arquitecto en posesión autárquica de las formas,  las devele mundo nuevo.

El ver es un regalo de la naturaleza, mirar una conquista de la cultura. Y no es tan sencillo como parece. Desde siempre, desde el origen, las cosas se han mostrado al hombre, y el cerebro ve imágenes, sólo imágenes, incluso cuando las palpa, las degusta y atrae sus olores.

Cómo hacer el registro de esas imágenes y transformarlas en pensamiento. Aquí el otro milagro del cerebro: ordenar  sin  ordenar, porque esta síntesis, en su perfección de las palabras, encubre y engendra dentro de sí misma el caos.

¿Cómo en su secreto discurrir las imágenes y el lenguaje han hecho posible el pensar? ¿Cómo hay ambigüedades no resueltas porque aparentemente nos envuelve una contradicción: las imágenes traían la semilla del lenguaje y en su amanecer despertaron como pensamiento?

Cavilamos (acto del pensamiento) y nos dejamos envolver por esas motas de polvo estelar que son las palabras. Las imágenes palabras que el cerebro inventó para reconocernos en el vacío y en la ingrimitud del universo, incluso para restituir desde la soledad como imagen de lo que vemos  y miramos,  en las cambiantes formas de los instantes, cuándo solemos aparecer.


José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 18/5/2011





LEER POESÍA

Jonathan Linton, pintor estadounidense – Mujer leyendo


Leer  poesía, así como ante cualquier acercamiento al arte, es contrastarnos en el rebote. Porque desde la obra que nos arroba y centra en su clima, alguien ausculta nuestros pensamientos, afirma el acontecer de la vida y nos circunscribe en la escena.

Nunca miremos al artista y sus pasiones, porque es él, en el espacio de las palabras, desde su lejanas cimas, quien nos descubre: tomamos distancia ante un cuadro para vindicar la perspectiva, esa rendija fluyente  por donde entramos a la geometría y al color;  guardamos silencio ante una melodía, porque ésta concentra  todas las vibraciones, y no queremos sufrir nuevamente el escarnio del dolor; alcanzamos una página y es una puerta que se abre hacia lo extraño de nuestra vida, de aquello que nunca hemos querido retener porque en su delgadez nos parecía banal y fortuito: pero necesitados de una confesión volvemos sobre nuestros pasos: escuchamos los sonidos, las imágenes que se repliegan  como una cascada al borde de metálicas formas, luminosas en todo caso, y no podemos saber en qué lugar se alojan.

El rebote nos actualiza la ausencia: es un presente que camina a nuestro lado, tiene tantos rostros y tantas imágenes que se las endilgamos al autor, hablamos de ellas desde cierta distancia para esquivar nuestra costumbre. Y así, nos salvamos del silencio y su poquedad.

Estamos, sin notarlo, al otro lado del espejo. El azogue retiene por instantes el boceto y luego huye. Pero esta es una fuga necesaria, un ensimismarse en el caos de la apariencia, porque es definitivo el  juego de la ilusión donde hemos depositado nuestra  realidad.

Leer poesía no es como se cree: un diálogo. No lo es, porque sería entonces comunicación, en todo caso política, malabarismo de las palabras, nunca lenguaje. Y aquí, necesitamos una detención de la escritura que nos advierta de la ambigüedad en el uso de las palabras: las palabras solas, incluso cargadas de significado y acordadas en sintaxis, no por ello son lenguaje. Podrán, en todo caso, ser gramática pero para alcanzar el giro que las convierten en lenguaje, en puridad, deben permear el contexto y lanzarse a una nueva confidencia en el alma del vidente.

Leer poesía, es nacer  contra  un mundo que  no escucha ni reconoce al otro porque su instancia más próxima está en el fragor del espectáculo y de la vaciedad de los instintos; y el lector, el genuino lector de lo trascendente, pertenece al inconsciente colectivo, que desgarrado de su propia existencia, se mira desde el asombro de su propia mirada.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 12/5/2011




LUMBRE Y PASIÓN DE MAYO


 A la  memoria de Rafael Olivares Figueroa,
eximio traductor de Valery,
colmena del alma infantil,
en su partida el 3 de mayo de1972.


Freddy Ontiveros, pintor venezolano (1951) - Apamate



Hoy, cuando el mes se desliza en el color de los apamates, y todos los brillos de la naturaleza nacional se hacen presentes, y la lluvia descorre sus cortinas de brumas para limpiar el cielo del asombro, el mundo no ceja en sus fragores: allende una ciudad de relámpagos se consume, como esas que nombró alguna vez Ítalo Calvino, merecida de un destino mejor; hay truenos que apagan las voces cancioneras de los hombres y, en esta inmensidad de siglos, seguimos  en busca del significado de la libertad, para amalgamar la concordia, la fe y  la esperanza sin límites.

Hoy, el sol despeja las nubes. Y las gentes viven sus miserias, sus graves miserias preteridas en el abandono; otras, las menos,  esperan que el maná de las ilusiones repare todo aquello que el descuido de su voluntad no ha superado, y, sin embargo, escuchamos – tratamos de aguzar los sentidos – en la blanda luz de los días, el cascado balbucir del futuro que los termiteros del tiempo no podrán arrasar, y ninguna estación quemante podrá ocultar entre las cenizas de las miradas ciegas.

¿Cómo pensar y palpar el aire de mayo, sin esa fragua  de voces ausentes donde se preparó silenciosamente, en el hervor de la tierra, la nobleza misma de la naturaleza? ¿Quién recupera de los días de sol, la energía que fluye de las limpias hojas que los árboles estrenan? ¿Quién las pule desde el fondo de los abismos para que alguien cancele los derroteros del hombre?

Mayo existe contra el olvido. Todo es memoria en lo posible de la vida como un remolino imbatible sobre los arenales del horizonte.

Ahora, llegan nítidas las sombras de la infancia: un círculo, junto a un vetusto árbol, atrae a los citadinos calcados de una  imagen danzante, colmada por el cantar de los años renuevan el amor y la energía, y nadie escapa: las cuerdas melosas llevan el tono de una pasión que no muere, el vino y las mujeres recuerdan; los niños giran entre las luces y ríen, ríen con sus mínimos asombros que descubrirán cuando lleguen las potestades y todo sea alumbrado y el círculo no sea más que una garantía de la persistencia de un sueño.

José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 2/5/2011




Portada de la traducción de El cementerio marino, realizada por Rafael Olivares Figueroa. Ediciones del Grupo Viernes. La viñeta es de Gilberto Antolínez. Edición de 600 ejemplares. 300 en tela, numerados, y 300 en rústica, no numerados. Tip. La Nación-Caracas, 1940. El presente ejemplar pertenece al poeta Camilo Balza Donatti, quien fuera contertulio del autor junto a César Lizardo.







TEXTUALIDAD DE LO ILUSORIO
(Pretexto para una aproximación)

Edward Vásquez, pintor dominicano (1979) - Tejedora de ilusiones



Con la literatura, insistimos en la comprensión de las relaciones del individuo y la sociedad. Relaciones no exentas de confrontación, asimilación y reintegración de los conflictos en superación que, conquistados finalmente por la palabra, adquieren un compromiso superior al enaltecer la cotidianidad transformándola en un sistema de vivencias para la vida.

Una cabal aproximación del acto creativo pasa por reconocer la insistencia del fervor lúdico de la reacomodación de los objetos de la niñez en la estructuración de la conciencia. Así se perfila, desde los primeros años de vida del individuo, un entendimiento del mundo real en consonancia con los mundos posibles que van formándose en el proceso de maduración.

A los largo de la vida, constatamos cómo el valor del mito y su fuerza imaginaria no sólo para la representación onírica sino para la comprensión de los actos lúdicos, y cómo son proyectados en la madurez en la obra artística. Incluso reminiscencias del folklore marcan los hitos de la identidad para que fluyan sin cesar, como una red de miradas que convergen y divergen en el mundo originario que todos llevamos dentro.

El imaginario latinoamericano nos trae por fuerza la inclusión del concepto operatorio de microuniverso para atender el espacio de las primeras experiencias del hombre, es decir: su hábitat, la aldea, el pueblo, la ciudad y con ello alcanzar la comprensión global del proceso creador.

Las tendencias modernas del análisis del discurso abren para la semiología un espacio cada vez más relevante. Nos hemos atrevido a usar el concepto de microuniverso y tratar de recuperar desde los planos semánticos los integradores de esa realidad. En este aspecto la ilusión, en su sentido de valor positivo, es el rasgo distintivo de los discursos: alcanzar una estructura compleja como es el pensamiento, gracias a  un sistema no menos complejo como lo es el de ilusionar.

La levedad es un aligeramiento del peso (Calvino, 1988). Una metáfora, la humedad de las palabras, es en sí misma una manera de alcanzar la levedad dándole peso con el agua, incluso con el agua del río o de la lluvia porque el aire antes de la borrasca, alígero dardo atravesando la noche para anunciar el amanecer, es imagen atractiva. Cuánto de ello no hay en la poesía venezolana. El signo rumoreante del olvido tiene por morada el mito, las leyendas y los cuentos, el mundo onírico abrillantando sus espejos para engañar a la Medusa.

Un mito del Alto Cuyuní nos propone una imagen de la levedad que, ciertamente, es fecunda no porque los elementos que integran la historia y el vértigo de la lucha así lo insinúen, sino por la circularidad del texto propiciada por la presencia inesperada de un pájaro y su desenlace.

Escuchemos el mito: “…en cierta ocasión, cuando menos lo esperaba, el extremeño Torre de Aldana se tropezó con el decidido Tapiaracay. Ambos en ese instante de hallaban sin acompañamiento alguno, y la selva “cuyunesa” era por demás tupida y opaca. Sin perder un momento, la espada relució en la mano del conquistador. La macana de Tapiaracay  se alzó con violencia y coraje. La lucha se acrecentó de esta forma sin vacilación alguna. Los dos hombres resultaban igualmente fuertes y ágiles. Pero de pronto el español fue agredido inusitadamente por un ave de grandes dimensiones que hizo firme presa en su cuello. Era un paují de azuloso color y férrea contextura…” (Antonio Reyes, 1959).

Detengámonos unos instantes en las expresiones: tupida/opaca, violencia /coraje, fuertes/ágiles, azuloso/férrea, y espada/macana. Notaremos de inmediato que tales expresiones designan planos de oposición pero solidarios en el conjunto de la acción: conquistador /indígena, paují/ (azuloso/férrea).  La levedad surge de la opacidad de la selva/ azuloso color del paují. La opacidad es grave, es densa; el azul es leve, luminoso. No nos interesa la lucha, el encuentro de fuerzas, el peso girante en medio de la selva, aunque todo revele una intención de levedad, sino porque el paují, armónico con la selva y guardián del mito, ofrece una compensación de libertad.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 16/4/2011





LA EXPERIENCIA ESTÉTICA

Ferdinand Heilbuth, pintor francés (1826  1889) – El lector

Hay recurrencias, variaciones de un mismo tema, que acuden sin cesar en la literatura, que fungen de aproximaciones entre la forma y el fondo. Nada más impreciso.

Imágenes entrecruzadas, siempre en la red de las representaciones, de las analogías, de los acercamientos y, al mismo tiempo, distancias extendidas en el giro de la pura expresión. Vuelve entonces la metáfora en la conquista de la memoria, incluso cuando llega por extensión, por la gravedad de una conciencia especular.

Así, la mirada la construye y la afirma, se apropia del espacio, en  busca de formas, y rebota sobre sí misma para acallarse en los contornos de un nombre que fluye levemente, sin prisa, en la soledad rumoreante de un destino, en los trazos errátiles, difusos de la pintura de los niños, del arte ingenuo, ese primer instante que en su transparencia es imperceptible en  las sociedades del lujo y de los excesos.  

Y, sin embargo, cualesquiera explicaciones acerca de la naturaleza de palabras vestidas, que tratan de significar, no pueden ser más que denotaciones, expresiones que el diccionario convoca a la existencia.

La palabra es, nos dice. Y parece que todo acaba en el territorio de la literalidad, y, es innegable que un mundo bulle desde las raíces de la imagen para que las palabras no sólo sean sino que no sean.

Y es por esta negación que el destino del lenguaje se apoya en la conciencia del hombre. Hace algunas cabriolas, retoza y salta hacia lo imprevisto, huye de la cosa, y libre se hace sustancia, forma alada, plasticidad enseñoreada sobre la cotidianidad.

Hablamos entonces de intuición, de contemplación, de inspiración, de interpretación, de experiencia estética, de lo original, del estilo en situaciones que van desde la ciencia al arte, atravesadas por un orden epistemológico y que sólo se resuelve entre la mano que escribe (pulsa, esculpe, pinta por decir lo menos entre tantas tareas humanas) y los ojos que gravitan sobre los textos, sobre el discurso.

La contemplación es un ensimismarse, un volcarse hacia adentro con todas las filiaciones externas para hacerse uno en la distancia y en el tiempo. La contemplación puede ser un acto intuitivo de la duración, de la quietud. Intuición, contemplación e inspiración aspiran a la armonía como una conquista de lo absoluto, a un ser que reside en la belleza o en la verdad y que por su esencia espejea desde lo ignoto. Sus brillos o sus lados de sombra propician la experiencia estética.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 14/4/2011





REPRESENTACIÓN Y MEMORIA
EN BRICEÑO GUERRERO

J. M. Briceño Guerrero



Amor y terror en las palabras.
Toda mirada es un riesgo infinito de esperar y desagregar en el espacio la fuerza de la costumbre. Es desplegar una a una las páginas de un libro del cual aún no tenemos referencias, y las páginas las suponemos en blanco, cuando, ciertamente, ya han sido elaboradas pacientemente en la memoria.
Alguien, extrañamente dentro de nosotros, escribe sin descanso. Dentro de esa vastedad de sombras, una debe de imponerse. Una sombra que aspira a lo alto, enseñorearse en ese tránsito de ser guía a las que ceden el paso. Rumorear en notas imprecisas el hálito de una canción futura. Es una terca ilusión que encadena y libera. Encadena porque hace posible los mundos de la creación estética; libera porque lo humano se descubre en el abismo de las intuiciones.
Por supuesto, constatamos en la literatura la grandeza y las miserias de una nación. Y aunque la pasión por la desmesura insista sobre el largo camino de las sociedades humanas, es casi seguro que nunca hayamos renunciado a los recónditos temores que surgen del poder de las palabras. Toda literatura regresa a la cantera de la imaginación para batir la mezcla del pensamiento
Toda aproximación a la obra artística debe de considerar dos niveles: la representación (espacio) y la imaginación (memoria). Todas aquellas cosas que se nos muestran como una estructura están marcadas por la figura sobre un fondo real, pertenecen al pensamiento; aquellas cosas que devienen por fuerza del recuerdo o que insufladas de la emoción o surgidas de un acto intuitivo permanecen como imágenes originarias, pertenecen al mundo del arte: ambos espacios no son compartimientos estancos o que obran aisladamente como si el hombre no fuera una unidad en sí mismo;  es natural que Briceño Guerrero, como todo creador, trabaje en dos niveles.  Y aunque insista en lo fático de su relación con la signatura del mundo, obra más en las proporciones de una  poética subyugada por el mito.
Este es un texto armado de claves. Desde el epígrafe de Heráclito,  la justificación de un prólogo que establece distancia con el autor y el enunciado narrativo frente a las ideas, aunque se trate  del mismo autor, y en este  sentido Heráclito viene en nuestra ayuda, pues quien escribe el libro y el prólogo son el mismo, en la corriente de la vida, es decir, el tiempo como río, dos imágenes se superponen en la distancia: el niño y el anciano.
También, el  nombrar los capítulos con letras hebreas es arma eficaz contra los cielos de la costumbre. Se trata, en efecto, de un hombre de cultura sólida que no va solo al encuentro del niño que está en la otra orilla del río, esperándolo en el reino. El discurso se abre y discurre desde la sapiencia, desde la cosa conocida como práctica de la racionalidad que bordea la dimensión temporal del recuerdo hacia el orbe mítico de los lugares cercanos a las primeras experiencias: los seres familiares, los amigos, la naturaleza en su plenitud vegetal y mineral, la escuela y las palabras.
La signatura: los signos, las palabras (las que encubren, las que brillan como los celajes bajo el temblor de la luna, las que inventa y lo crean en el instante vegetal de una magnolia redonda y serpeante en el jardín de la infancia); la signatura del cuerpo en el fulgor exacto de las manos que recorren un nuevo discurso en el terror del verbo liberado: la conveniencia insiste sobre las huellas que los ojos inventan.
Autor y lector se emulan en el espejo del idioma. La escritura navega por las venas  del imaginario y ambos son solidarios de una misma representación. Una tríada converge y se difunde a lo largo del texto: Tiempo-narrador-reino. Tiempo y reino están fundidos en la conciencia del narrador que sólo aspira al encuentro del absoluto.

José Francisco Ortiz 
Santa Cruz de Mara 13/4/2011





  BREVES LETRAS DEL EXILIO

Claudio Bravo, pintor chileno (1936 – 2011) – El mago


- I -

Buenas noches, hermano, te escribo desde este sitio, con el giro de las voces que no quieren acallarse, que son más fuertes que mi acento de proscrito y alucinado hombre de interrogantes de su propio ser: ¿Cuánto aquietas,  provisto y expectante en el giro de las estrellas  que claman  y nos sorprenden porque habitan en el lugar común  de los desesperados, y acaso, nosotros mismos, no estamos en el exilio y creemos vivir en la tierra de nuestra raza, y exornamos la fuga y el apremio como cosas tangibles en su veloz huida?

Es posible que nos sintamos invencibles en el espíritu, pero nuestra carne no ha conquistado un ápice del fulgor estelar que nos aventó a estos abismos  de recia mansedumbre. Calcos somos de una magnífica ilusión que nos empuja hacia un destino, y de esas borrosas formas en que se nos muestra, creemos estar en lo cierto, y sólo apenas podemos, desde la íngrima posesión de las palabras, crear la fortaleza de nuestros corazones.

¿Qué pasará cuando se nos agoten los poemas...y las páginas en blanco nos alcancen en el tedio del silencio? ¿Qué pasará cuando ya no sea suficiente el olvido, ni el licor que edulcora la vida, ni la errancia del fuego que gusta del amparo de los cuerpos...?  ¿Volverán en latencias la palabra a surcar  nuestros nombres? Nunca lo sabremos, y es ésta la aventura de lo humano seguir, sin reconocerlo,  sigilo de  sombras en busca del espacio.  Un abrazo.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 24/3/2011





POR ARTE DE SOL
El día que conocí a Vicente Gerbasi


 


Una mañana de 1972, conocí al poeta Vicente Gerbasi. Debió de ser domingo porque había un sol radiante, nada extraño en Maracaibo, y la gente andaba díscola por las calles; arrebatadas de su silencio anegando las avenidas y las calles con sus voces y las presentía lejanas como si se tratara de un país a donde concurren para asistir a una feria de donde nunca quisieran marcharse...

-Vamos, musageta – me dijo Camilo Balza Donatti, con esa palabra extraña, sin significado pues nunca antes la había escuchado, me imaginé cualesquiera sentidos, desde los más obvios hasta los más procaces y, sin embargo, me divertía con ese juego, ese extraño amago del sonido… – para presentarle al poeta Vicente Gerbasi.

Bajamos por la avenida 5 de Julio para desembocar en la avenida El Milagro y en pocos minutos llegar al Hotel del Lago, subimos por las escaleras, y el poeta Camilo tocó la puerta y una voz dentro dijo: “está abierta, pase”.

Lo que vi aquella mañana, me ha acompañado hasta ahora cuando quiero compartirlo con usted, amable lector, con la esperanza de ser fiel a todo cuanto la memoria me dicta hoy, y sin que sufra algún abatimiento por esta conversa entre nosotros, usted ahí frente a su laptops dejando que las palabras vayan apareciendo y yo las vea surgir de la niebla de los recuerdos tan frescas como entonces.

Dentro de aquella habitación vi de pronto cómo giraban mariposas rojas, azules y amarillas como si se tratara de un viento que las hacía flotar, subían y descendían sin morosidad, para plegarse en el suelo y luego ascender sin tocar el techo para repetir con insistencia los girantes aleteos de un ángel que no terminaba de aquietarse…hasta que como un remolino, unos brazos que parecían querer volar sin que perdiera contacto con el piso, y, luego, una voz un  poco ronca que sin ser áspera, dijo: “Camilo…pasa, espera un poco” Entonces comprendí que aquel espectáculo que pasó raudo por mis ojos, no era más que un ritual del poeta Gerbasi, como un homenaje que le hacía al pueblo Wayuú,  en aquella habitación acompañado por las sombras de antiguos fantasmas que nunca lo dejan solo…

-Ahora sé cómo es este pueblo, sus magnificas costumbres y sus sueños no escuchados, como su Dios, tan parecido al nuestro y sin embargo, más profundo, arma y desarma los misterios – dijo Gerbasi, y como si  hubiera despertado de un encantamiento, saludó efusivamente a Camilo y se me quedó mirando (ambos nos miramos) con cierta soledad que Camilo disolvió al instante:  “Es un musageta (otra vez la palabra)  que anda en estos menesteres de la lira… es un musageta! ¿Qué te parece…?” Gerbasi, que ya había aminorado sus giros, me miró nuevamente y dijo: “Quién sonría como este joven, nunca traicionará a nadie”

Y acto seguido, en aquella mañana luminosa, en que  Gerbasi me saludo con tanto afecto, conocí al poeta, no sin asombro, cuando se fue quitando la manta guajira, y las mariposas se quedaron quietas en los pliegues estampados de la tela blanda y tersa con la cual había danzado para los suyos y para nosotros y que, sin saberlo, lo habíamos bajado de los cielos de Maleiwa.

Fue un  rato propicio, hecho de anécdotas entre Gerbasi y Camilo, como dos hermanos que se encontraran, luego de una larga separación impuesta circunstancias ajenas a ellos, y que ahora celebraban y cantaban.

Como un espectador silente (igual que usted que ahora sigue estas líneas por una obligada circunstancia de ser mi amigo en facebook) colmado, desde mi asombrada juventud, por tanto premio de los dioses.

Finalmente, nos despedimos, en mis manos su libro “Por arte de sol” y el eco de sus palabras que no he podido cancelar.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 16/3/2011










LA LLAMA FUGITIVA
Prólogo a un libro de Guillermo Ferrer
“LA LLAMA FUGITIVA"


Louis Anquetin, pintor francés (1861 – 1922) - Child's Profile and Study for a Still Life


 “La vida flotante, heterogénea,
termina por adaptarnos a lo humano”
Fernando Pessoa

La frase de Soren Kierkergaard: “Quien se pierde en su pasión, pierde menos que quien pierde su pasión”, cala sin artificios en el espíritu escrutador de Guillermo Ferrer. Pasión hacia los ámbitos del acto creador de la poesía, del ensayo y la novela. Es decir, todo el espacio de su existencia. Siempre hacia el centro de una memoria que suele mirarse en su propio origen, largo tiempo marcado por las iridiscencias de claridades territoriales y lacustres en busca de las palabras en densidad primigenia. Continuidad en el interrogar la esencia de lo humano; premisa circular  siempre expansiva, en el acontecer de las clásicas preguntas kantianas acerca del hombre.
“En el hielo de la soledad –nos lo reitera Martin Buber– es cuando el hombre, implacablemente, se siente como problema, se hace cuestión de sí mismo, y como la cuestión se dirige y hace entrar en juego a lo más recóndito de sí, el hombre llega a cobrar experiencia de sí mismo”. Y este hielo quemante libera al espíritu en llama fugitiva, como en verso feliz de nuestro gran Quevedo: “mas no, de esotra parte, en la ribera,/dejará la memoria, en donde ardía:/nadar sabe mi llama el agua fría,/y perder el respeto a ley severa”.
La llama fugitiva tiene, entonces, entre sus apariencias más nobles, la visión  una y múltiple, al mismo tiempo,  de revivir el contacto con la historia desde una perspectiva siempre abierta. Nunca cierra. Sólo  intuye, y, desde ese mirar de otredad, muestra el concierto de voces que el tiempo guarda en el inconsciente colectivo. La llama avanza como liberación y desde sus ardores ancestrales  nunca se deja aprisionar. Fugitiva siempre y nunca ella misma, ondea en los tremedales de la existencia humana.
La llama fugitiva es la objetividad de la mirada en el ensueño. Es la finitud que nos señala Bachelard, cuando trata de redimir el espíritu. Guillermo nombra y es nombrado al mismo tiempo por su objeto. Pero el objeto es caleidoscópico. Su brillo es lacerante y concertado en colectivo. Cómo no ser el que se es. El hombre y sus circunstancias (Ortega y Gasset): aquí el relator ensimismado del murmullo histórico, allá narrador de las contingencias humanas; a lo lejos, es un hombre que ausculta el corazón del olvido; cerca, es un cazador de palabras. Es lo que es.  Alerta a las solicitudes del espíritu poético avanza tras el hilo de Ariadna en cálida entrega de signos que recurren a la vastedad de lo memorioso, y, sin que él mismo pueda replegarse a la orilla de los días conviene como Benedetto Croce en que toda historia es contemporánea. Contemporaneidad que lleva, rara avis, la fisura de las ideologías y el nombre de quien las anuncia.
La llama fugitiva en su más grata realidad no se propone como un discurso teorético para lectura académica. No aspira a formular conceptos ni a concebir especulaciones acerca del ser de la historia. Incluso, no intenta los esquematismos de los manuales ad usum que privan del saber a la inteligencia.
La llama fugitiva contiene una voz que habla a la juventud desde una óptica cercana de procesos históricos relevantes de la humanidad, paralelamente a Ernst Gombrich, en su “Breve historia del mundo”. Es, según mi percepción, la imagen de un  científico y esteta  que, al discurrir su pensamiento, nos descubre el deleite de quien ha frecuentado todas las lecturas posibles  desde los clásicos hasta los contemporáneos. Acorde, en fin, con una pasión. Si ella fragua en su menester de escritor no es menos cierto que hace posible la ciencia y el arte como promesa del hombre.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, septiembre, 2000.


Nota. Este es el prólogo que escribí para La llama fugitiva del poeta y escritor Guillermo Ferrer, cardiólogo de dilatada trayectoria en nuestro medio, profesor emérito de LUZ, y Cronista de la Ciudad, para la época, con una obra que abarca los 60 títulos entre poesía, novela, cuento, biografía, crónica y crítica, además de varios títulos de Cardiología y numerosos trabajos científicos en revistas especializadas. En la actualidad reside en la Costa Oriental del Lago junto a su esposa, hijos y nietos.