Poesía, narrativa y ensayo del autor, su vida y su obra. Un blog de Elizabeth Conte Chassin-Trubert
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miércoles, 10 de agosto de 2011
lunes, 8 de agosto de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. VENGO DE MI PUEBLO
VENGO
DE MI PUEBLO
Vengo de mi pueblo.
Por las calles la memoria
quebraba sus maderas,
crujían las palabras
y no las encontraba
porque otra gente
usaba dialectos invencibles,
y no pude revocar el olvido.
Mi pueblo es un duende,
entre las casas y la niebla
persiste, y en lo hondo
del río de mi sangre, escucho
la vastedad de la aldea.
José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 8/8/2011.
viernes, 5 de agosto de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. HECHIZO
HECHIZO
Thomas
Cole, artista estadounidense de origen británico (1801 – 1848) - Arch
of Nero, 1846
Sobre los muros de una antigua comarca, el
esplendor de la consagración revive los
espacios perdidos. El tiempo otorga a las
cosas
bien formadas el aura de la vida y, sin
embargo, sólo es por un instante, ni
siquiera la
memoria puede sostenerla, porque una vez
armada se disuelve entre la niebla del
atardecer.
José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara 27/7/2011
sábado, 23 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. DESTINO DE EREMITA EN LA ALBORADA
DESTINO
DE EREMITA EN LA ALBORADA
Caspar
David Friedrich, pintor alemán (1774-1840)
– Monje a la orilla del mar
|
A: César
Seco
Un
monje que de antiguas soledumbres
lleva
agostadas ánforas de vino
de
fulgores un pájaro, su trino
y el
alma recia de las muchedumbres.
Del
trajinar y del cabal empeño
de un
arcado jardín donde reposa
el
tiempo es manantial para la rosa
fluyentes
bordes, liberado sueño.
Destino
de eremita en la alborada
banderas
desplegadas a la suerte
arma
los dados en crucial jugada.
Como
un arquero de insondables duelos
toma
del aire el sesgo de la muerte
y
triunfante cabalga por sus pueblos.
José Francisco Ortiz Morillo
Santa
Cruz de Mara, 26/6/2011.
sábado, 25 de junio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LA MUJER DEL POETA
LA MUJER DEL POETA
| Jean-Baptiste-Camille Corot, pintor francés (1796 -1895)– En un parque |
La mujer del poeta viene de la niebla
De sus lejanos atributos sólo calca el paisaje
Y su mirada no tiene más para recordar.
Conoce lo ausente, la fragilidad del reino
Y de los constelados dominios de la vida.
De la parquedad del amado y su costumbre
No puede herrumbrar el sueño.
Vigila porque así puede recelar del tiempo
Del dominio de la cifra y del espacio.
Mientras la noche se empoza
Y su pasión estremecida en la fuente
Vuelve sobre el quieto fervor
De su mansión hecha de palabras.
José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 17/6/2011.
sábado, 4 de junio de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LAS NUBES
LAS NUBES
Llegan las nubes
y en su profundidad celeste
no hay golondrinas
para alcanzar
tanta luz arrimada a la tarde.
Escucho sus metales.
No sé cuánto ascenso
habrá en sus escalas
pero alguien me dicta
sus versos transitoriales
y en el vértigo descubro
la desnuda existencia
donde suele habitar
el corazón del hombre.
José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 4/6/2011.
jueves, 26 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
martes, 19 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. REPRESENTACIÓN Y MEMORIA EN BRICEÑO GUERRERO
REPRESENTACIÓN
Y MEMORIA
EN BRICEÑO
GUERRERO
![]() |
J. M. Briceño Guerrero
|
Amor y terror en las palabras.
Toda mirada es un riesgo infinito de
esperar y desagregar en el espacio la fuerza de la costumbre. Es desplegar una
a una las páginas de un libro del cual aún no tenemos referencias, y las
páginas las suponemos en blanco, cuando, ciertamente, ya han sido elaboradas
pacientemente en la memoria.
Alguien,
extrañamente dentro de nosotros, escribe sin descanso. Dentro de esa vastedad
de sombras, una debe de imponerse. Una sombra que aspira a lo alto,
enseñorearse en ese tránsito de ser guía a las que ceden el paso. Rumorear en
notas imprecisas el hálito de una canción futura. Es una terca ilusión que
encadena y libera. Encadena porque hace posible los mundos de la creación
estética; libera porque lo humano se descubre en el abismo de las intuiciones.
Por supuesto,
constatamos en la literatura la grandeza y las miserias de una nación. Y aunque
la pasión por la desmesura insista sobre el largo camino de las sociedades
humanas, es casi seguro que nunca hayamos renunciado a los recónditos temores
que surgen del poder de las palabras. Toda literatura regresa a la cantera de
la imaginación para batir la mezcla del pensamiento.
Toda
aproximación a la obra artística debe de considerar dos niveles: la
representación (espacio) y la imaginación (memoria). Todas aquellas cosas que
se nos muestran como una estructura están marcadas por la figura sobre un fondo
real, pertenecen al pensamiento; aquellas cosas que devienen por fuerza del
recuerdo o que insufladas de la emoción o surgidas de un acto intuitivo
permanecen como imágenes originarias, pertenecen al mundo del arte: ambos
espacios no son compartimientos estancos o que obran aisladamente como si el
hombre no fuera una unidad en sí mismo; es natural que Briceño Guerrero,
como todo creador, trabaje en dos niveles. Y aunque insista en lo fático
de su relación con la signatura del mundo, obra más en las proporciones de
una poética subyugada por el mito.
Este es un
texto armado de claves. Desde el epígrafe de Heráclito, la justificación
de un prólogo que establece distancia con el autor y el enunciado narrativo
frente a las ideas, aunque se trate del mismo autor, y en este
sentido Heráclito viene en nuestra ayuda, pues quien escribe el libro y el
prólogo son el mismo, en la corriente de la vida, es decir, el tiempo como río,
dos imágenes se superponen en la distancia: el niño y el anciano.
También,
el nombrar los capítulos con letras hebreas es arma eficaz contra los
cielos de la costumbre. Se trata, en efecto, de un hombre de cultura sólida que
no va solo al encuentro del niño que está en la otra orilla del río,
esperándolo en el reino. El discurso se abre y discurre desde la sapiencia,
desde la cosa conocida como práctica de la racionalidad que bordea la dimensión
temporal del recuerdo hacia el orbe mítico de los lugares cercanos a las
primeras experiencias: los seres familiares, los amigos, la naturaleza en su
plenitud vegetal y mineral, la escuela y las palabras.
La signatura:
los signos, las palabras (las que encubren, las que brillan como los celajes
bajo el temblor de la luna, las que inventa y lo crean en el instante vegetal
de una magnolia redonda y serpeante en el jardín de la infancia); la signatura
del cuerpo en el fulgor exacto de las manos que recorren un nuevo discurso en
el terror del verbo liberado: la conveniencia insiste sobre las huellas que los
ojos inventan.
Autor y lector
se emulan en el espejo del idioma. La escritura navega por las venas del
imaginario y ambos son solidarios de una misma representación. Una tríada
converge y se difunde a lo largo del texto: Tiempo-narrador-reino. Tiempo y
reino están fundidos en la conciencia del narrador que sólo aspira al encuentro
del absoluto.
José Francisco Ortiz
Santa Cruz de
Mara 13/4/2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. UN DÍA LLEGA Y NOS RECLAMA
UN DÍA LLEGA Y NOS RECLAMA
A esa mano extraña
que tronó de odio en mi salón de clases.
Un día llega y nos reclama
de esta falsa construcción de la verdad,
de este cinismo armado contra la vida
en nombre de las utopías que alguna vez
fueron el fulgor de tanta juventud:
valía la pena soñar. Ahora en la rotación
de los espejos (cada época tiene su Narciso)
generaciones encanecidas apremian
la rueda de la ley, su ley, y ya no hay tiempo
para redimir porque el pasado
aldaba tras aldaba aprieta y no deja
un vestigio de luz en nuestras casas.
Hoy vi su rostro pequeño y ondulante
pasearse sin recato, mostrar su petulancia
porque la sabiduría
ya no es necesaria, y para ascender
Sísifo ya no sostiene una roca,
su blando cuerpo es una ilusión
en los escarpados montes de la violencia.
Y, cómo puede un poeta
llegar con sus enseres y decir
esta es la vida y estos los sueños,
porque ya nadie escucha,
ya nadie quiere
ver cómo giran las estrellas,
si no conoce la altura de su sombra.
José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 23/3/2011
domingo, 13 de marzo de 2011
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