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lunes, 8 de agosto de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. VENGO DE MI PUEBLO




VENGO DE MI PUEBLO


Francisco Bonnín Guerín, pintor canario (1874 – 1963) – Calle de los Realejos


Vengo de mi pueblo.
Por las calles la memoria
quebraba sus maderas,
crujían las palabras
y no las encontraba
porque otra gente
usaba dialectos invencibles,
y no pude revocar el olvido.

Mi pueblo es un duende,
entre las casas y la niebla
persiste, y en lo hondo
del río de mi sangre, escucho
la vastedad de la aldea.



José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 8/8/2011.



miércoles, 27 de julio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. HECHIZO






HECHIZO



Thomas Cole, artista estadounidense de origen británico (1801 – 1848)  - Arch of Nero, 1846






Sobre los muros de una antigua comarca, el
esplendor de la consagración revive los
espacios perdidos. El tiempo otorga a las cosas
bien formadas el aura de la vida y, sin
embargo, sólo es por un instante, ni siquiera la
memoria puede sostenerla, porque una vez
armada se disuelve entre la niebla del
atardecer.    




José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara 27/7/2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. POEMA

domingo, 26 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. DESTINO DE EREMITA EN LA ALBORADA




DESTINO DE EREMITA EN LA ALBORADA



Caspar David Friedrich, pintor alemán (1774-1840) – Monje a la orilla del mar





A: César Seco



Un monje que de antiguas soledumbres
lleva agostadas ánforas de vino
de fulgores un pájaro, su trino
y el alma recia de las muchedumbres.

Del trajinar y del cabal empeño
de un arcado jardín donde reposa
el tiempo es manantial para la rosa
fluyentes bordes, liberado sueño.

Destino de eremita en la alborada
banderas desplegadas a la suerte
arma los dados en crucial jugada.

Como un arquero de insondables duelos
toma del aire el sesgo de la muerte
y triunfante cabalga por sus pueblos.



José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 26/6/2011.

viernes, 17 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LA MUJER DEL POETA




LA MUJER DEL POETA

Jean-Baptiste-Camille Corot, pintor francés (1796 -1895)– En un parque


La mujer del poeta viene de la niebla
De sus lejanos atributos sólo calca el paisaje
Y su mirada no tiene más para recordar.
Conoce lo ausente, la fragilidad del reino
Y de los constelados dominios de la vida.

De la parquedad del amado y su costumbre
No puede herrumbrar el sueño.
Vigila porque así puede recelar del tiempo
Del dominio de la cifra y del espacio.

Mientras la noche se empoza
Y su pasión estremecida en la fuente
Vuelve sobre el quieto fervor
De su mansión hecha de palabras.



José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 17/6/2011.





JOSÉ FRANCISCO ORTIZ. MIENTRAS LA TARDE

sábado, 4 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LAS NUBES


LAS NUBES



Gerardo Murillo (1875-1964). Pintor mexicano. La nube




Llegan las nubes
y en su profundidad celeste
no hay golondrinas
para alcanzar
tanta luz arrimada a la tarde.

Escucho sus metales.
No sé cuánto ascenso
habrá en sus escalas
pero alguien me dicta
sus versos transitoriales
y en el vértigo descubro
la desnuda existencia
donde suele habitar
el corazón del hombre.



José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 4/6/2011.


miércoles, 13 de abril de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. REPRESENTACIÓN Y MEMORIA EN BRICEÑO GUERRERO


REPRESENTACIÓN Y MEMORIA
EN BRICEÑO GUERRERO


J. M. Briceño Guerrero



Amor y terror en las palabras.

Toda mirada es un riesgo infinito de esperar y desagregar en el espacio la fuerza de la costumbre. Es desplegar una a una las páginas de un libro del cual aún no tenemos referencias, y las páginas las suponemos en blanco, cuando, ciertamente, ya han sido elaboradas pacientemente en la memoria.

Alguien, extrañamente dentro de nosotros, escribe sin descanso. Dentro de esa vastedad de sombras, una debe de imponerse. Una sombra que aspira a lo alto, enseñorearse en ese tránsito de ser guía a las que ceden el paso. Rumorear en notas imprecisas el hálito de una canción futura. Es una terca ilusión que encadena y libera. Encadena porque hace posible los mundos de la creación estética; libera porque lo humano se descubre en el abismo de las intuiciones.

Por supuesto, constatamos en la literatura la grandeza y las miserias de una nación. Y aunque la pasión por la desmesura insista sobre el largo camino de las sociedades humanas, es casi seguro que nunca hayamos renunciado a los recónditos temores que surgen del poder de las palabras. Toda literatura regresa a la cantera de la imaginación para batir la mezcla del pensamiento.

Toda aproximación a la obra artística debe de considerar dos niveles: la representación (espacio) y la imaginación (memoria). Todas aquellas cosas que se nos muestran como una estructura están marcadas por la figura sobre un fondo real, pertenecen al pensamiento; aquellas cosas que devienen por fuerza del recuerdo o que insufladas de la emoción o surgidas de un acto intuitivo permanecen como imágenes originarias, pertenecen al mundo del arte: ambos espacios no son compartimientos estancos o que obran aisladamente como si el hombre no fuera una unidad en sí mismo;  es natural que Briceño Guerrero, como todo creador, trabaje en dos niveles.  Y aunque insista en lo fático de su relación con la signatura del mundo, obra más en las proporciones de una  poética subyugada por el mito.

Este es un texto armado de claves. Desde el epígrafe de Heráclito,  la justificación de un prólogo que establece distancia con el autor y el enunciado narrativo frente a las ideas, aunque se trate  del mismo autor, y en este  sentido Heráclito viene en nuestra ayuda, pues quien escribe el libro y el prólogo son el mismo, en la corriente de la vida, es decir, el tiempo como río, dos imágenes se superponen en la distancia: el niño y el anciano.

También, el  nombrar los capítulos con letras hebreas es arma eficaz contra los cielos de la costumbre. Se trata, en efecto, de un hombre de cultura sólida que no va solo al encuentro del niño que está en la otra orilla del río, esperándolo en el reino. El discurso se abre y discurre desde la sapiencia, desde la cosa conocida como práctica de la racionalidad que bordea la dimensión temporal del recuerdo hacia el orbe mítico de los lugares cercanos a las primeras experiencias: los seres familiares, los amigos, la naturaleza en su plenitud vegetal y mineral, la escuela y las palabras.

La signatura: los signos, las palabras (las que encubren, las que brillan como los celajes bajo el temblor de la luna, las que inventa y lo crean en el instante vegetal de una magnolia redonda y serpeante en el jardín de la infancia); la signatura del cuerpo en el fulgor exacto de las manos que recorren un nuevo discurso en el terror del verbo liberado: la conveniencia insiste sobre las huellas que los ojos inventan.

Autor y lector se emulan en el espejo del idioma. La escritura navega por las venas  del imaginario y ambos son solidarios de una misma representación. Una tríada converge y se difunde a lo largo del texto: Tiempo-narrador-reino. Tiempo y reino están fundidos en la conciencia del narrador que sólo aspira al encuentro del absoluto.

José Francisco Ortiz 
Santa Cruz de Mara 13/4/2011


miércoles, 23 de marzo de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. UN DÍA LLEGA Y NOS RECLAMA


UN DÍA LLEGA Y NOS RECLAMA



Franz Von Stuck (1863-1928). Pintor  alemán. Sísifo




A esa mano extraña
que tronó de odio en mi salón de clases.




Un día llega y nos reclama
de esta falsa construcción de la verdad,
de este cinismo armado contra la vida
en nombre de las utopías que alguna vez
fueron el fulgor de tanta juventud:
valía la pena soñar. Ahora en la rotación
de los espejos (cada época tiene su Narciso)
generaciones encanecidas apremian
la rueda de la ley, su ley, y ya no hay tiempo
para redimir porque el pasado
aldaba tras aldaba aprieta y no deja
un vestigio de luz en nuestras casas.

Hoy vi su rostro pequeño y ondulante
pasearse sin recato, mostrar su petulancia
porque la sabiduría
ya no es necesaria, y para ascender
Sísifo ya no sostiene una roca,
su blando cuerpo es una ilusión
en los escarpados montes de la violencia.

Y, cómo puede un poeta
llegar con sus enseres y decir
esta es la vida y estos los sueños,
porque ya nadie escucha,
ya nadie quiere
ver cómo giran las estrellas,
si no conoce la altura de su sombra.



José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 23/3/2011