miércoles, 20 de julio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. ZARATUSTRA






ZARATUSTRA


Setsuko Aihara, pintora japonesa – Zarathustra by the Sea, 2004





No sé por qué la luz del mediodía
pule la sombra y la adormece inquieta,
ígneo sentir esquiva la saeta
de su alado vibrar donde solía

dejar el canto de la voz agraria
y colmado de su fluyente río,
los ecos del amor y del estío,
nunca serán olvido ni plegaria.

Hay un cantar que desciende de  los bosques.
Arma la vida el sol y la disuelve
en la celeste cumbre de los hombres.

Dónde estarán las siete soledades ?
Dónde los signos, dónde el decir vuelve
su nombre hermano, puro en heredades?




José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 20/7/2011

domingo, 26 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. GRAMÁTICA DEL DESEO






GRAMÁTICA DEL DESEO




Marcelo Vidal, pintor venezolano  – Paisaje, 1922





A unos pasos está la vida
y no lo sabemos, insistimos
en el camino, y el horizonte
está redondo de anhelos.

Una lluvia pertinaz  cancela
el reclamo y no se vuelve
hasta encontrar el paisaje
de nuestras querencias.

Un alto fuego ilumina
la oquedad desaparecida,
y restaña los días del ardor
y las palabras no son necesarias
porque un secreto lenguaje
ciego, arrebatado del corazón,
habla de su propia sabiduría.




José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 26/6/2011.

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. DESTINO DE EREMITA EN LA ALBORADA




DESTINO DE EREMITA EN LA ALBORADA



Caspar David Friedrich, pintor alemán (1774-1840) – Monje a la orilla del mar





A: César Seco



Un monje que de antiguas soledumbres
lleva agostadas ánforas de vino
de fulgores un pájaro, su trino
y el alma recia de las muchedumbres.

Del trajinar y del cabal empeño
de un arcado jardín donde reposa
el tiempo es manantial para la rosa
fluyentes bordes, liberado sueño.

Destino de eremita en la alborada
banderas desplegadas a la suerte
arma los dados en crucial jugada.

Como un arquero de insondables duelos
toma del aire el sesgo de la muerte
y triunfante cabalga por sus pueblos.



José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 26/6/2011.

viernes, 17 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LA MUJER DEL POETA




LA MUJER DEL POETA

Jean-Baptiste-Camille Corot, pintor francés (1796 -1895)– En un parque


La mujer del poeta viene de la niebla
De sus lejanos atributos sólo calca el paisaje
Y su mirada no tiene más para recordar.
Conoce lo ausente, la fragilidad del reino
Y de los constelados dominios de la vida.

De la parquedad del amado y su costumbre
No puede herrumbrar el sueño.
Vigila porque así puede recelar del tiempo
Del dominio de la cifra y del espacio.

Mientras la noche se empoza
Y su pasión estremecida en la fuente
Vuelve sobre el quieto fervor
De su mansión hecha de palabras.



José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 17/6/2011.





JOSÉ FRANCISCO ORTIZ. MIENTRAS LA TARDE

miércoles, 8 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. AMANECER



AMANECER


Pedro Ángel González, pintor venezolano (1901 - 1982) – Camino entre los árboles. Higuerote





Qué bueno es el día y su claridad
y no ser reconocido por nadie
vagar en esa lenta atmósfera de silencio
donde los árboles suelen ser apacibles
porque están escuchando el rumor
de las aguas subterráneas
contra el fondo
de las agitaciones humanas.

Qué bueno es tener toda la mañana
mirar el sol, el único y señorial amo
de todo cuanto mis ojos copian
como un escolar que va
por primera vez a la escuela:
puedo sentarme sin ser tocado
por la indiferencia de aquellos
que esperan en mi abandono.

Qué bueno es estar levemente
empujado por el viento
sentir cómo gira y suelta sus contornos
para que el aura no nos abandone.

Qué bueno es el día y su claridad.




José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 8/6/2011

sábado, 4 de junio de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LAS NUBES


LAS NUBES



Gerardo Murillo (1875-1964). Pintor mexicano. La nube




Llegan las nubes
y en su profundidad celeste
no hay golondrinas
para alcanzar
tanta luz arrimada a la tarde.

Escucho sus metales.
No sé cuánto ascenso
habrá en sus escalas
pero alguien me dicta
sus versos transitoriales
y en el vértigo descubro
la desnuda existencia
donde suele habitar
el corazón del hombre.



José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 4/6/2011.


martes, 10 de mayo de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. EN SU SECRETO GIRAR



EN SU SECRETO GIRAR




Gustave Caillebotte, pintor francés (1848-1894) - Hombre joven en la ventana





Alguien viene de pronto a la memoria
abre una ventana de tantas y mira el paisaje,
no se detiene en los detalles,
sus nuevas fachadas nada importan
porque es cauto, su aprendizaje
ha sido largo y sabe cuándo vendrá
la hora del dolor, y en la ternura
el instante de apagada ilusión.

Viene y nos recuerda que no está solo:
es el mensajero de un pueblo
rendido al imperio del tiempo
y no se irá sin dejarnos el vago rumor
de nuestras posesiones.

Sus toques eran tan leves, tímidos acaso,
pero en fin, teníamos la llave
y en su secreto girar nos ocultábamos.




José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 10/5/2011.



lunes, 2 de mayo de 2011

LUMBRE Y PASIÓN DE MAYO



A la  memoria de Rafael Olivares Figueroa,
eximio traductor de Valery,
colmena del alma infantil,
en su partida el 3 de mayo de1972.



 
Freddy Ontiveros, pintor venezolano (1951) - Apamate




Hoy, cuando el mes se desliza en el color de los apamates, y todos los brillos de la naturaleza nacional se hacen presentes, y la lluvia descorre sus cortinas de brumas para limpiar el cielo del asombro, el mundo no ceja en sus fragores: allende una ciudad de relámpagos se consume, como esas que nombró alguna vez Ítalo Calvino, merecida de un destino mejor; hay truenos que apagan las voces cancioneras de los hombres y, en esta inmensidad de siglos, seguimos  en busca del significado de la libertad, para amalgamar la concordia, la fe y  la esperanza sin límites.

Hoy, el sol despeja las nubes. Y las gentes viven sus miserias, sus graves miserias preteridas en el abandono; otras, las menos,  esperan que el maná de las ilusiones repare todo aquello que el descuido de su voluntad no ha superado, y, sin embargo, escuchamos – tratamos de aguzar los sentidos – en la blanda luz de los días, el cascado balbucir del futuro que los termiteros del tiempo no podrán arrasar, y ninguna estación quemante podrá ocultar entre las cenizas de las miradas ciegas.

¿Cómo pensar y palpar el aire de mayo, sin esa fragua  de voces ausentes donde se preparó silenciosamente, en el hervor de la tierra, la nobleza misma de la naturaleza? ¿Quién recupera de los días de sol, la energía que fluye de las limpias hojas que los árboles estrenan? ¿Quién las pule desde el fondo de los abismos para que alguien cancele los derroteros del hombre?

Mayo existe contra el olvido. Todo es memoria en lo posible de la vida como un remolino imbatible sobre los arenales del horizonte.

Ahora, llegan nítidas las sombras de la infancia: un círculo, junto a un vetusto árbol, atrae a los citadinos calcados de una  imagen danzante, colmada por el cantar de los años renuevan el amor y la energía, y nadie escapa: las cuerdas melosas llevan el tono de una pasión que no muere, el vino y las mujeres recuerdan; los niños giran entre las luces y ríen, ríen con sus mínimos asombros que descubrirán cuando lleguen las potestades y todo sea alumbrado y el círculo no sea más que una garantía de la persistencia de un sueño.

José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 2/5/2011





Portada de la traducción de El cementerio marino, realizada por Rafael Olivares Figueroa. Ediciones del Grupo Viernes. La viñeta es de Gilberto Antolínez. Edición de 600 ejemplares. 300 en tela, numerados, y 300 en rústica, no numerados. Tip. La Nación-Caracas, 1940. El presente ejemplar pertenece al poeta Camilo Balza Donatti, quien fuera contertulio del autor junto a César Lizardo.


sábado, 16 de abril de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. TEXTUALIDAD DE LO ILUSORIO



TEXTUALIDAD DE LO ILUSORIO
(Pretexto para una aproximación)

 
Edward Vásquez, pintor dominicano (1979) - Tejedora de ilusiones



Con la literatura, insistimos en la comprensión de las relaciones del individuo y la sociedad. Relaciones no exentas de confrontación, asimilación y reintegración de los conflictos en superación que, conquistados finalmente por la palabra, adquieren un compromiso superior al enaltecer la cotidianidad transformándola en un sistema de vivencias para la vida.

Una cabal aproximación del acto creativo pasa por reconocer la insistencia del fervor lúdico de la reacomodación de los objetos de la niñez en la estructuración de la conciencia. Así se perfila, desde los primeros años de vida del individuo, un entendimiento del mundo real en consonancia con los mundos posibles que van formándose en el proceso de maduración.

A los largo de la vida, constatamos cómo el valor del mito y su fuerza imaginaria no sólo para la representación onírica sino para la comprensión de los actos lúdicos, y cómo son proyectados en la madurez en la obra artística. Incluso reminiscencias del folklore marcan los hitos de la identidad para que fluyan sin cesar, como una red de miradas que convergen y divergen en el mundo originario que todos llevamos dentro.

El imaginario latinoamericano nos trae por fuerza la inclusión del concepto operatorio de microuniverso para atender el espacio de las primeras experiencias del hombre, es decir: su hábitat, la aldea, el pueblo, la ciudad y con ello alcanzar la comprensión global del proceso creador.

Las tendencias modernas del análisis del discurso abren para la semiología un espacio cada vez más relevante. Nos hemos atrevido a usar el concepto de microuniverso y tratar de recuperar desde los planos semánticos los integradores de esa realidad. En este aspecto la ilusión, en su sentido de valor positivo, es el rasgo distintivo de los discursos: alcanzar una estructura compleja como es el pensamiento, gracias a  un sistema no menos complejo como lo es el de ilusionar.

La levedad es un aligeramiento del peso (Calvino, 1988). Una metáfora, la humedad de las palabras, es en sí misma una manera de alcanzar la levedad dándole peso con el agua, incluso con el agua del río o de la lluvia porque el aire antes de la borrasca, alígero dardo atravesando la noche para anunciar el amanecer, es imagen atractiva. Cuánto de ello no hay en la poesía venezolana. El signo rumoreante del olvido tiene por morada el mito, las leyendas y los cuentos, el mundo onírico abrillantando sus espejos para engañar a la Medusa.

Un mito del Alto Cuyuní nos propone una imagen de la levedad que, ciertamente, es fecunda no porque los elementos que integran la historia y el vértigo de la lucha así lo insinúen, sino por la circularidad del texto propiciada por la presencia inesperada de un pájaro y su desenlace.

Escuchemos el mito: “…en cierta ocasión, cuando menos lo esperaba, el extremeño Torre de Aldana se tropezó con el decidido Tapiaracay. Ambos en ese instante de hallaban sin acompañamiento alguno, y la selva “cuyunesa” era por demás tupida y opaca. Sin perder un momento, la espada relució en la mano del conquistador. La macana de Tapiaracay  se alzó con violencia y coraje. La lucha se acrecentó de esta forma sin vacilación alguna. Los dos hombres resultaban igualmente fuertes y ágiles. Pero de pronto el español fue agredido inusitadamente por un ave de grandes dimensiones que hizo firme presa en su cuello. Era un paují de azuloso color y férrea contextura…” (Antonio Reyes, 1959).

Detengámonos unos instantes en las expresiones: tupida/opaca, violencia /coraje, fuertes/ágiles, azuloso/férrea, y espada/macana. Notaremos de inmediato que tales expresiones designan planos de oposición pero solidarios en el conjunto de la acción: conquistador /indígena, paují/ (azuloso/férrea).  La levedad surge de la opacidad de la selva/ azuloso color del paují. La opacidad es grave, es densa; el azul es leve, luminoso. No nos interesa la lucha, el encuentro de fuerzas, el peso girante en medio de la selva, aunque todo revele una intención de levedad, sino porque el paují, armónico con la selva y guardián del mito, ofrece una compensación de libertad.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 16/4/2011

jueves, 14 de abril de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LA EXPERIENCIA ESTÉTICA



LA EXPERIENCIA ESTÉTICA

 
Ferdinand Heilbuth, pintor francés (1826  1889) – El lector

Hay recurrencias, variaciones de un mismo tema, que acuden sin cesar en la literatura, que fungen de aproximaciones entre la forma y el fondo. Nada más impreciso.

Imágenes entrecruzadas, siempre en la red de las representaciones, de las analogías, de los acercamientos y, al mismo tiempo, distancias extendidas en el giro de la pura expresión. Vuelve entonces la metáfora en la conquista de la memoria, incluso cuando llega por extensión, por la gravedad de una conciencia especular.

Así, la mirada la construye y la afirma, se apropia del espacio, en  busca de formas, y rebota sobre sí misma para acallarse en los contornos de un nombre que fluye levemente, sin prisa, en la soledad rumoreante de un destino, en los trazos errátiles, difusos de la pintura de los niños, del arte ingenuo, ese primer instante que en su transparencia es imperceptible en  las sociedades del lujo y de los excesos.  

Y, sin embargo, cualesquiera explicaciones acerca de la naturaleza de palabras vestidas, que tratan de significar, no pueden ser más que denotaciones, expresiones que el diccionario convoca a la existencia.

La palabra es, nos dice. Y parece que todo acaba en el territorio de la literalidad, y, es innegable que un mundo bulle desde las raíces de la imagen para que las palabras no sólo sean sino que no sean.

Y es por esta negación que el destino del lenguaje se apoya en la conciencia del hombre. Hace algunas cabriolas, retoza y salta hacia lo imprevisto, huye de la cosa, y libre se hace sustancia, forma alada, plasticidad enseñoreada sobre la cotidianidad.

Hablamos entonces de intuición, de contemplación, de inspiración, de interpretación, de experiencia estética, de lo original, del estilo en situaciones que van desde la ciencia al arte, atravesadas por un orden epistemológico y que sólo se resuelve entre la mano que escribe (pulsa, esculpe, pinta por decir lo menos entre tantas tareas humanas) y los ojos que gravitan sobre los textos, sobre el discurso.

La contemplación es un ensimismarse, un volcarse hacia adentro con todas las filiaciones externas para hacerse uno en la distancia y en el tiempo. La contemplación puede ser un acto intuitivo de la duración, de la quietud. Intuición, contemplación e inspiración aspiran a la armonía como una conquista de lo absoluto, a un ser que reside en la belleza o en la verdad y que por su esencia espejea desde lo ignoto. Sus brillos o sus lados de sombra propician la experiencia estética.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 14/4/2011

miércoles, 13 de abril de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. REPRESENTACIÓN Y MEMORIA EN BRICEÑO GUERRERO


REPRESENTACIÓN Y MEMORIA
EN BRICEÑO GUERRERO


J. M. Briceño Guerrero



Amor y terror en las palabras.

Toda mirada es un riesgo infinito de esperar y desagregar en el espacio la fuerza de la costumbre. Es desplegar una a una las páginas de un libro del cual aún no tenemos referencias, y las páginas las suponemos en blanco, cuando, ciertamente, ya han sido elaboradas pacientemente en la memoria.

Alguien, extrañamente dentro de nosotros, escribe sin descanso. Dentro de esa vastedad de sombras, una debe de imponerse. Una sombra que aspira a lo alto, enseñorearse en ese tránsito de ser guía a las que ceden el paso. Rumorear en notas imprecisas el hálito de una canción futura. Es una terca ilusión que encadena y libera. Encadena porque hace posible los mundos de la creación estética; libera porque lo humano se descubre en el abismo de las intuiciones.

Por supuesto, constatamos en la literatura la grandeza y las miserias de una nación. Y aunque la pasión por la desmesura insista sobre el largo camino de las sociedades humanas, es casi seguro que nunca hayamos renunciado a los recónditos temores que surgen del poder de las palabras. Toda literatura regresa a la cantera de la imaginación para batir la mezcla del pensamiento.

Toda aproximación a la obra artística debe de considerar dos niveles: la representación (espacio) y la imaginación (memoria). Todas aquellas cosas que se nos muestran como una estructura están marcadas por la figura sobre un fondo real, pertenecen al pensamiento; aquellas cosas que devienen por fuerza del recuerdo o que insufladas de la emoción o surgidas de un acto intuitivo permanecen como imágenes originarias, pertenecen al mundo del arte: ambos espacios no son compartimientos estancos o que obran aisladamente como si el hombre no fuera una unidad en sí mismo;  es natural que Briceño Guerrero, como todo creador, trabaje en dos niveles.  Y aunque insista en lo fático de su relación con la signatura del mundo, obra más en las proporciones de una  poética subyugada por el mito.

Este es un texto armado de claves. Desde el epígrafe de Heráclito,  la justificación de un prólogo que establece distancia con el autor y el enunciado narrativo frente a las ideas, aunque se trate  del mismo autor, y en este  sentido Heráclito viene en nuestra ayuda, pues quien escribe el libro y el prólogo son el mismo, en la corriente de la vida, es decir, el tiempo como río, dos imágenes se superponen en la distancia: el niño y el anciano.

También, el  nombrar los capítulos con letras hebreas es arma eficaz contra los cielos de la costumbre. Se trata, en efecto, de un hombre de cultura sólida que no va solo al encuentro del niño que está en la otra orilla del río, esperándolo en el reino. El discurso se abre y discurre desde la sapiencia, desde la cosa conocida como práctica de la racionalidad que bordea la dimensión temporal del recuerdo hacia el orbe mítico de los lugares cercanos a las primeras experiencias: los seres familiares, los amigos, la naturaleza en su plenitud vegetal y mineral, la escuela y las palabras.

La signatura: los signos, las palabras (las que encubren, las que brillan como los celajes bajo el temblor de la luna, las que inventa y lo crean en el instante vegetal de una magnolia redonda y serpeante en el jardín de la infancia); la signatura del cuerpo en el fulgor exacto de las manos que recorren un nuevo discurso en el terror del verbo liberado: la conveniencia insiste sobre las huellas que los ojos inventan.

Autor y lector se emulan en el espejo del idioma. La escritura navega por las venas  del imaginario y ambos son solidarios de una misma representación. Una tríada converge y se difunde a lo largo del texto: Tiempo-narrador-reino. Tiempo y reino están fundidos en la conciencia del narrador que sólo aspira al encuentro del absoluto.

José Francisco Ortiz 
Santa Cruz de Mara 13/4/2011


JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. ORACIÓN