sábado, 5 de noviembre de 2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LA FERIA (ALEGORÍA DE LA SOMBRA)


LA FERIA (Alegoría de la sombra)


 
Claude Lorrain, pintor francés (1600 – 1682) – La feria




Esta mañana aún dormitaba y, al sesgo del sueño, quedaban pendientes algunas imágenes que arrastraban no sé qué dolida canción; entumecido por el viento, descubría a mi pesar, justamente al otro lado de la ventana, que me había marchado.
                                                                                             
Vi el entorno del jardín y las flores opacas en el agua, canceladas de  sus fulgores.

Hoy tardará el sol –me dije.

En el camino reverberaba mi sombra con la luz incidental de los faroles. Más que faroles me parecían los ojos de otros viajeros del alba que temían quedarse en la penumbra… No sé de dónde acudían a mi encuentro las voces imprecisas de aquella canción que no terminaría de disolverse en el humo de las calles. Me parecía, al principio, que venían desde el fondo de mis sueños, pero no, no era cierto, alguien tramontaba este espacio y apuraba sus pasos que intentaban alcanzarme y, sin embargo, en el giro de una  afortunada evasión, como atraído por el reclamo de voces entrecortadas, balbuceantes y definitivamente apagadas por el día, en el umbral del recinto que llevaba a una galería compuesta por escaleras, gárgolas y biombos de un antiguo fortín, fui arrojado al claustro del abandono.

Desde entonces, sin mis instrumentos y mis enseres más preciados, tras la marca  del exilio, cada noche cancelo el olvido de mi pueblo. Lo reconozco porque al cerrar los ojos, vuelven las muchedumbres a la comarca, al vecindario y su dilatada feria.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 14/5/2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LEER POESÍA




LEER POESÍA

 
Jonathan Linton, pintor estadounidense – Mujer leyendo


Leer  poesía, así como ante cualquier acercamiento al arte, es contrastarnos en el rebote. Porque desde la obra que nos arroba y centra en su clima, alguien ausculta nuestros pensamientos, afirma el acontecer de la vida y nos circunscribe en la escena.

Nunca miremos al artista y sus pasiones, porque es él, en el espacio de las palabras, desde su lejanas cimas, quien nos descubre: tomamos distancia ante un cuadro para vindicar la perspectiva, esa rendija fluyente  por donde entramos a la geometría y al color;  guardamos silencio ante una melodía, porque ésta concentra  todas las vibraciones, y no queremos sufrir nuevamente el escarnio del dolor; alcanzamos una página y es una puerta que se abre hacia lo extraño de nuestra vida, de aquello que nunca hemos querido retener porque en su delgadez nos parecía banal y fortuito: pero necesitados de una confesión volvemos sobre nuestros pasos: escuchamos los sonidos, las imágenes que se repliegan  como una cascada al borde de metálicas formas, luminosas en todo caso, y no podemos saber en qué lugar se alojan.

El rebote nos actualiza la ausencia: es un presente que camina a nuestro lado, tiene tantos rostros y tantas imágenes que se las endilgamos al autor, hablamos de ellas desde cierta distancia para esquivar nuestra costumbre. Y así, nos salvamos del silencio y su poquedad.

Estamos, sin notarlo, al otro lado del espejo. El azogue retiene por instantes el boceto y luego huye. Pero esta es una fuga necesaria, un ensimismarse en el caos de la apariencia, porque es definitivo el  juego de la ilusión donde hemos depositado nuestra  realidad.

Leer poesía no es como se cree: un diálogo. No lo es, porque sería entonces comunicación, en todo caso política, malabarismo de las palabras, nunca lenguaje. Y aquí, necesitamos una detención de la escritura que nos advierta de la ambigüedad en el uso de las palabras: las palabras solas, incluso cargadas de significado y acordadas en sintaxis, no por ello son lenguaje. Podrán, en todo caso, ser gramática pero para alcanzar el giro que las convierten en lenguaje, en puridad, deben permear el contexto y lanzarse a una nueva confidencia en el alma del vidente.

Leer poesía, es nacer  contra  un mundo que  no escucha ni reconoce al otro porque su instancia más próxima está en el fragor del espectáculo y de la vaciedad de los instintos; y el lector, el genuino lector de lo trascendente, pertenece al inconsciente colectivo, que desgarrado de su propia existencia, se mira desde el asombro de su propia mirada.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 12/5/2011

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. BREVES LETRAS DEL EXILIO


  BREVES LETRAS DEL EXILIO

 
Claudio Bravo, pintor chileno (1936 – 2011) – El mago



- I -

Buenas noches, hermano, te escribo desde este sitio, con el giro de las voces que no quieren acallarse, que son más fuertes que mi acento de proscrito y alucinado hombre de interrogantes de su propio ser: ¿Cuánto aquietas,  provisto y expectante en el giro de las estrellas  que claman  y nos sorprenden porque habitan en el lugar común  de los desesperados, y acaso, nosotros mismos, no estamos en el exilio y creemos vivir en la tierra de nuestra raza, y exornamos la fuga y el apremio como cosas tangibles en su veloz huida?

Es posible que nos sintamos invencibles en el espíritu, pero nuestra carne no ha conquistado un ápice del fulgor estelar que nos aventó a estos abismos  de recia mansedumbre. Calcos somos de una magnífica ilusión que nos empuja hacia un destino, y de esas borrosas formas en que se nos muestra, creemos estar en lo cierto, y sólo apenas podemos, desde la íngrima posesión de las palabras, crear la fortaleza de nuestros corazones.

¿Qué pasará cuando se nos agoten los poemas...y las páginas en blanco nos alcancen en el tedio del silencio? ¿Qué pasará cuando ya no sea suficiente el olvido, ni el licor que edulcora la vida, ni la errancia del fuego que gusta del amparo de los cuerpos...?  ¿Volverán en latencias la palabra a surcar  nuestros nombres? Nunca lo sabremos, y es ésta la aventura de lo humano seguir, sin reconocerlo,  sigilo de  sombras en busca del espacio.  Un abrazo.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 24/3/2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

VOCALES DE CENIZA



LA VIDA

 
Héctor Poleo, pintor venezolano (1918 – 1989) -  Persistencia de la memoria.
 
A Luis Suárez Rendiles


Llega la vida y no sabemos
cómo cincela
sus voces en las piedras
cómo pliega
sus tegumentos en los muros
cómo nos arroba y gasta
sin que podamos abrazarla
viene en sueños
nos conversa sus secretos
insensatos
hemos bebido amargamente
el elixir del olvido.




EL PÁJARO LIRA

A Miguel Ángel Campos
 
Régulo Pérez, pintor venezolano (1919) - Pájaro.
 


En el dintel de la ventana
un pájaro bate sus alas.
¿Será el pájaro lira? – me dije –
Azul del cielo sin apremios.
No sé de dónde vienen
sus saudades
sus gorjeos, su memoria.
¿Hasta dónde
en la hojarasca lo he tocado?
Qué jaula tan grande tienes!
en resonancias me reclama
y sin que pudiera alcanzarlo
se esfuma en el remolino
dorado de la tarde.



LA POESÍA

 
Marietta Berman, pintora venezolana nacida en Checoslovaquia (1917 – 1990) - Más allá


A mi tío Carlos Luis Ortiz


Mansa como la hierba
es una calle antigua
donde reposa la memoria
la reconocemos
en nosotros mismos
con la mudanza de la vida
y sin embargo la poesía
no baja en los andenes
se marcha siempre se marcha
y acaso nos sonríe
mientras un pañuelo azul
ondea en la distancia
sólo en lo intangible
podemos merecerla



LOS CHORROS


A Eugenio Montejo

Marcelo Vidal - Paisaje.



El canto de las cigarras es nuestro
baten tambores lejanos en sus alas
sus cuerpos dolidos son más sonoros
conocen de memoria nuestros pasos
saben de signos, continuas son sus notas
las descubro nuevamente entre las calles
las transito y ya son otras
sin embargo me reconocen
pues escucho sus lentos
cristales rodando por los techos
las cigarras abren ranuras en el aire
en su canto se arriesga el viento
y clama la tempestad
desde sus ásperas notas
la arborescencia las encubre
sé que están allí y me acompañan



FAENA

Para Emélida Atencio Inciarte

 
Detalle de pintura mural de una pareja de amantes en Pompeya


Si una mujer y un hombre
tocan sus cuerpos
con sus manos atraviesan
el vallado de los días
alientan sin vanidad
el alma de los dioses
y vuelven al paraíso
para no ser sólo arcilla.
Tengo por ciertas
las palabras de Goethe
en el amor deben ir juntos
mirada, deseo y goce.



LA CANCIÓN DE PIRRA


Ex toto corde:
a Angel y Lilia de Lombardi

 
Oleg Zhivetin, pintor de Uzbequistán (1968) Luna



I

Surtidores del cieno
temblor en los cuerpos
ayes entre bastiones retenidos
prisión de mis ancestros
tanto erial abarca latitudes
engendra
asombro
en los bordes del agua
envolventes
remolinos en los ojos
sobre la vida
bullen las arenas
en los pliegues
cascadas
muslos dorados
sempiterna
profanación de los dioses caídos.


III

Piedra a piedra hálitos
germinales hendiduras
sobre vastas colmenas
lentas porciones de la piel
crepúsculos abatidos
ojos para el asombro
una y otra vez
en las llamas del olvido.


VI

Somos hijos del silencio
(silencio emplazado desplazado)
somos huellas
de alucinados fragores
entregados a mortales añoranzas
somos el arrebato del olvido
sus irisados confines
una y otra vez en la insistencia
la mirada abierta en un espacio.


VIII

La luna
fundía sus metales
rodaba en tus muslos
una luz violeta
no sabía
en la penumbra
a quién mirar      
en vértigos la sombra.



JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. POR ARTE DEL SOL


POR ARTE DE SOL
El día que conocí a Vicente Gerbasi


 




Una mañana de 1972, conocí al poeta Vicente Gerbasi. Debió de ser domingo porque había un sol radiante, nada extraño en Maracaibo, y la gente andaba díscola por las calles; arrebatadas de su silencio anegando las avenidas y las calles con sus voces y las presentía lejanas como si se tratara de un país a donde concurren para asistir a una feria de donde nunca quisieran marcharse...

-Vamos, musageta – me dijo Camilo Balza Donatti, con esa palabra extraña, sin significado pues nunca antes la había escuchado, me imaginé cualesquiera sentidos, desde los más obvios hasta los más procaces y, sin embargo, me divertía con ese juego, ese extraño amago del sonido… – para presentarle al poeta Vicente Gerbasi.

Bajamos por la avenida 5 de Julio para desembocar en la avenida El Milagro y en pocos minutos llegar al Hotel del Lago, subimos por las escaleras, y el poeta Camilo tocó la puerta y una voz dentro dijo: “está abierta, pase”.

Lo que vi aquella mañana, me ha acompañado hasta ahora cuando quiero compartirlo con usted, amable lector, con la esperanza de ser fiel a todo cuanto la memoria me dicta hoy, y sin que sufra algún abatimiento por esta conversa entre nosotros, usted ahí frente a su laptops dejando que las palabras vayan apareciendo y yo las vea surgir de la niebla de los recuerdos tan frescas como entonces.

Dentro de aquella habitación vi de pronto cómo giraban mariposas rojas, azules y amarillas como si se tratara de un viento que las hacía flotar, subían y descendían sin morosidad, para plegarse en el suelo y luego ascender sin tocar el techo para repetir con insistencia los girantes aleteos de un ángel que no terminaba de aquietarse…hasta que como un remolino, unos brazos que parecían querer volar sin que perdiera contacto con el piso, y, luego, una voz un  poco ronca que sin ser áspera, dijo: “Camilo…pasa, espera un poco” Entonces comprendí que aquel espectáculo que pasó raudo por mis ojos, no era más que un ritual del poeta Gerbasi, como un homenaje que le hacía al pueblo Wayuú,  en aquella habitación acompañado por las sombras de antiguos fantasmas que nunca lo dejan solo…

-Ahora sé cómo es este pueblo, sus magnificas costumbres y sus sueños no escuchados, como su Dios, tan parecido al nuestro y sin embargo, más profundo, arma y desarma los misterios – dijo Gerbasi, y como si  hubiera despertado de un encantamiento, saludó efusivamente a Camilo y se me quedó mirando (ambos nos miramos) con cierta soledad que Camilo disolvió al instante:  “Es un musageta (otra vez la palabra)  que anda en estos menesteres de la lira… es un musageta! ¿Qué te parece…?” Gerbasi, que ya había aminorado sus giros, me miró nuevamente y dijo: “Quién sonría como este joven, nunca traicionará a nadie”

Y acto seguido, en aquella mañana luminosa, en que  Gerbasi me saludo con tanto afecto, conocí al poeta, no sin asombro, cuando se fue quitando la manta guajira, y las mariposas se quedaron quietas en los pliegues estampados de la tela blanda y tersa con la cual había danzado para los suyos y para nosotros y que, sin saberlo, lo habíamos bajado de los cielos de Maleiwa.

Fue un  rato propicio, hecho de anécdotas entre Gerbasi y Camilo, como dos hermanos que se encontraran, luego de una larga separación impuesta circunstancias ajenas a ellos, y que ahora celebraban y cantaban.

Como un espectador silente (igual que usted que ahora sigue estas líneas por una obligada circunstancia de ser mi amigo en facebook) colmado, desde mi asombrada juventud, por tanto premio de los dioses.

Finalmente, nos despedimos, en mis manos su libro “Por arte de sol” y el eco de sus palabras que no he podido cancelar.


José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara 16/3/2011