martes, 3 de julio de 2012

I.



I





Gabriel Bracho (Los Puertos de Altagracia, EdoZulia,1915 - Maracaibo, 1995). Pintor venezolano..
Nacimiento de El Silencio, 1940.





 He andado en esta tarde por las tierras de El Dorado. He conocido sus
reyes, sus esclavos hendidos en el azufre que baña sus huesos con
fulgor de extraña hierba. He alcanzado una antigua calle que lleva
irredenta al recinto de hombres sagrados conmovidos por la liturgia de
sus dioses implacables, con ardor de metales hundiéndose en alfabetos
y números.
He conocido ciudades blancas como el aire que las atraviesa
ascendiendo entre bosques y columnatas sin tregua sobre pendientes y
cascadas luminosas, como una feria antigua donde dulces mendigos se
dan un abrazo como si fueran hermanos.
Vivo en este lugar, a la orilla de un lago, junto a las voces que me
presienten cuando una larga ola rasga el silencio.
Sé que por las noches esta llama será un velo tendido en la memoria.


De: Poemas del mediodía (1990)


José Francisco Ortiz Morillo


domingo, 1 de julio de 2012

MUNDO DIGITAL.



MUNDO DIGITAL

André Kertész (Budapest, Hungría, 1894 - Nueva York, Estados Unidos,  1985). Fotógrafo húngaro.



En nuestros estudios de primaria ya contábamos con las tablas que usan los escolares de ahora. Era una maravillosa pizarrita, en blanco y negro o gris porque el mouse era un plomillo que servía de lápiz o creyón para escribir y dibujar las lecciones que el servidor nos enviaba (la maestra Chepina) y recibíamos en alta definición, sin las trampas de la publicidad, de los emoticones y de los spam que pululan en las redes, amén, por supuesto, del canto de los pájaros, del viento helado que se colaban por las puertas, y los cuchicheos propios de la edad en un salón de clases.

¡Cómo aparecían de pronto, llevadas por nuestra nerviosa mano las historias, los bordes de la geografía, las matemáticas danzantes y las palabras cancioneras con el sonido elemental y humano de nuestra maestra!

Bastaba que, atraídos por nuestra curiosidad, aparecieran en 3D los cerros, el cascabeleo de los potros en el empedrado de las calles, y la humedad rampante de los árboles cuando se agitaba la mañana; el olor del pan, de las mieles que rondaban al pueblo desde los ingenios y los cañaverales.

Y, sin embargo, había algo mágico en aquella pizarrita, porque aunque entre una y otra lección debíamos borrar, todo quedaba en la magna red de la naturaleza a nuestra disposición...

Oh, días sagrados que nos ensañaron el valor de la vida y por tanta fortuna, haber sido hijos de la memoria.


Santa Cruz de Mara, 24/6/2012.


José Francisco Ortiz Morillo.


viernes, 29 de junio de 2012

CANTO





CANTO



Emilio Boggio (Caracas, Venezuela, 21 de mayo de 1857 - Auvers-sur-Oise, Francia, 7 de junio de 1920). Pintor venezolano.




Canto
con las palabras que forjaron en la niñez
las nudosas manos
de artesanos armados de prodigio,
que descubrieron en el trigo
la efervescencia del pan entre los hornos
calentados dulcemente en las mañanas
como si estuvieran renaciendo en el instante
en los fogones donde se consagra la comida
y la repartían en recipientes de arcilla,
y luego hablaban de las cosas más triviales
para formar el mundo
que guardaron sus ojos para siempre
en cada uno de nosotros.

¡Qué magnífica emoción
en el tiempo previsto para las faenas!
Y no sólo bastaba el deseo
ni la añoranza
ni el mirar las cumbres
en los caminos agrarios
que nos traían toda la vida
y que alguna vez recorrimos
al lado del sembrador y del arado perenne.

Nunca podré reconocer lo suficiente,
como una garantía cálida de progreso,
el suelo donde andan nuestros pasos.

Ahora las gentes hablan de cibernética
aventados e indolentes en sus pequeños espacios
en los máximos edificios
que destellan sobre los cristales
la embriaguez de los hábitos nocturnos
como si se tratara de un lugar extranjero.



De: Cantares (1986).



José Francisco Ortiz

miércoles, 27 de junio de 2012

BAJO ESTA SOLEDAD.

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ.



Karen Hollingsworth (1955). Pintora estadounidense. Secret places




Dormir es el lenitivo perfecto y, sin embargo, en su morada somos visitantes extraños, aunque hayamos sido alojados en sus mejores habitaciones, habrá un momento de perturbación que cancelará el bienestar, y seremos echados irremisiblemente al mundo. Cuando el sueño continúa fuera de sus fronteras, es porque aún no hemos nacido.


Santa Cruz de Mara, 21/06/2012


José Francisco Ortiz Morillo.

martes, 26 de junio de 2012

PARA NOMBRAR EL ÁRBOL.



PARA NOMBRAR EL ÁRBOL




Michael kenna (1953). Fotógrafo inglés



A Santa Cruz de Mara, donde escribo.


Hay un límite en el árbol,
un límite que viene de la tierra,
—desespera el hombre, no lo encuentra—
sus raíces son garras prisioneras,
obedecen el llamado de las nubes,
desgastan las hojas en el aire,
y vuelven los inviernos a trazar
el destino del bosque,
sus formas nos han sido negadas
cuando exhalada alumbró la vida.
El árbol gira en la copiosa noche,
con sus verdes siderales,
hasta cubrir la vastedad del cielo.



Santa Cruz de Mara, 24/06/2012.



José Francisco Ortiz

jueves, 21 de junio de 2012

PIEDRA.




PIEDRA


Luis Astrozzi Mauget (1891-1966). Pintor chileno.








Yo escuchaba
esa remota pena del aljibe
como si una distancia
impredecible,
viniera a mostrar
el rostro austero de la vida,
y sin embargo
el sonido sordo
hablaba más de los ausentes
en el lento aire de la casa.






De: Cantares (1986)



José Francisco Ortiz.

miércoles, 20 de junio de 2012

POR BLASÓN, LA POESÍA



POR BLASÓN, LA POESÍA


Hace algunas semanas escribí una nota a propósito de las discusiones que nuestros parlamentarios deslucían en la Asamblea Nacional. No quiero ahondar en ello. Sin embargo, la recuerdo a propósito de los comentarios que aparecen en algunos medios escritos y, especialmente, en facebook derivadas de las declaraciones del poeta Luis Alberto Crespo.

Lamento la desproporcionada respuesta, porque dicho autor sólo ha hecho uso de la libertad de expresión que le consagra la Constitución Nacional y, por lo tanto, manifiesta sus predilecciones, nos agraden o se tornen reticentes a nuestros oídos.

Me parecen epítetos que tratan de reivindicar una postura política en tiempos donde la sindéresis debería mostrarse como un todo y no seguir cortando la piel de la patria, como si los gritos de unos sirvieran de lenitivo de las acusaciones que se esgrimen.

Esta actitud viene de larga data. La conocí en los años sesenta y siguientes. A los escritores y artistas que, por alguna razón, trabajaban como empleados públicos se les llamaba “los poetas del estado”. Los epítetos venían de la izquierda. Y aquello parecía como un sagrado convite de fuerzas encontradas.

De todas maneras, en este campo de la cultura, todos convivían y soterradamente trabajaban hacia el logro de sus fines ideológicos particulares. Pero que yo recuerde, había un bien común: la cultura. Y no sé porque en este instante hay tanta rabia, tanto menosprecio, porque alguien se expresa libremente, y, lo más grave, es que muchas de estas frases vienen precisamente de los hombres y mujeres que, me consta, tienen por blasón a la poesía.

José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 20/6/12



lunes, 18 de junio de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO.



Win Wenders (1945). Cineasta alemán. Fotograma de El cielo sobre Berlín, 1987





He comprendido que hay dos posibilidades de ser en el mundo. Cuando las voces de la calle te hacen visible, estás perdido porque hay abandono del espíritu y el cuerpo es centro de todas las vehemencias humanas; en cambio, si las muchedumbres apasionadas en un día de sol no perciben tu presencia es porque hay una gravedad poderosa, como de ángel, que te guarda de las locuras de la vida.

José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 16/6/2012

domingo, 17 de junio de 2012

DOMINGO EN BUENOS AIRES .



DOMINGO EN BUENOS AIRES



Fernando Lipina. Fotógrafo argentino. Noviembre lluvioso.



La semana es un pequeño árbol
con siete ramas y fluyentes hojas
sin término hasta el cumplido
domingo, cuando la noche trasiega
su lenta vastedad en el alma.
Para algunos, seguramente,
es un día de sol porque Sibelius
suena en sus casas, y no hay
quién olvide el vino, la celebración
de los triunfos pasados y el dolor;
por mis recuerdos, sin embargo,
la radio trae la música de Maracaibo,
como un escapulario en mi cuello
donde giran los últimos boleros
como peces en el lago de Felipe Pirela.
No sé, no sé, qué hago en esta mañana
en las calles de Buenos Aires,
atrapado con un tango de lluvia
y las gentes contra los bordes del día.


Santa Cruz de Mara, 3/6/2012




José Francisco Ortiz



jueves, 14 de junio de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO




Francisco Ortiz (1917)



Cuántas veces no quedaba como en trance, en posición fetal, acurrucado sobre sí mismo en el borde de la mecedora, como si se tratara de un equilibrista que vagaba en el vacío, y luego, como impulsado por remotas memorias, se erguía y proyectaba su sombra sobre los enseres desordenados de la habitación, levantaba los brazos y parecían alas remontando las horas de su fervor, escarbaba con los ojos la profundidad de la pared, la escrutaba porque sabía que en el repentino repliegue de la luz aparecerían los fantasmas de su niñez… ahora sonreía plácidamente desde el lugar de su victoria porque ya nada podía retenerlo, sólo la oscuridad le negaba las delicias del sueño.



Santa Cruz de Mara, 14/6/2012



José Francisco Ortiz Morillo

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO.



Francisco Ortiz (1917)



Un día, ahora lejano, mi padre apareció con una caja de creyones y unas hojas de papel… No lo sabíamos pero había iniciado un viaje hacia la imaginación. Las hojas se perdieron en el tráfago de la vida, entonces, necesitado de un espacio duradero se acercaba a las paredes, con delectación las acariciaba y recorría una y otra vez con sus manos, y poco a poco fueron apareciendo líneas, trazos y volúmenes envolventes de un sueño primitivo. Ya no eran creyones, ni carboncillo, la magia del óleo se percibía lentamente. En varias casas habitaron estas otras casas. Distintas familias las miraron y no sin desdén las borraron porque, seguramente pensaron, no estaban acordes con la pulcritud de las paredes. Ahora en este pequeño apartamento de Carache hay un murmullo de voces, la canción de la montaña y el viento rasgado de neblina en la geometría del silencio de mi padre…




Santa Cruz de Mara, 13/6/2012



 José Francisco Ortiz Morillo

miércoles, 13 de junio de 2012

SOBRE LOS DÍAS NUBLADOS.




SOBRE LOS DÍAS NUBLADOS



Cole Thompson (1956). Fotógrafo estadounidense. Lone Man No. 30, Monterey, CA, 2009.




     El amor no pesa más
     que otra dolencia humana,
     no hay distancia
     en la piel que no consuma
     la álgida hora del abandono,
     porque es un territorio
     donde la promesa
     quiere fijar su mirada,
     y, sin embargo, en el fuego
     hay estalactitas perfectas,
     que horadan sin cesar
     el rumbo de las manos,
     en los sollozos del ardor,
     para que vuelva el sol
     sobre los días nublados.



Santa Cruz de Mara, 12/6/2012



José Francisco Ortiz

LOS CUADERNOS.




LOS CUADERNOS



Aaron Sosa (1980). Fotógrafo venezolano.

 

A mi hermana, Alfa Ortiz

     En la escuela nos dijeron
     que la Patria tenía una canción
     como los árboles, cuando los tajos
     del tiempo fluían luminosos
     de la corteza herida, y el corazón
     era batido por el viento
     en sus cuatro costados, y aunque
     viviéramos lejos, en su geografía
     de clamores, siempre había
     una palabra que nos redimía
     en el fondo de nuestras lágrimas,
     y el pan era dulce como las cayenas
     y los días nunca fueron inútiles,
     porque Bolívar siempre aparecía
     en nuestros cuadernos
     como un hermano poderoso,
     en la recua de la costumbre
     donde forjábamos el porvenir.

Carache, 10/6/2012



José Francisco Ortiz

lunes, 11 de junio de 2012

ÁLBUM.




ÁLBUM 



Luis V. Montano Oviedo. Joven pareja, 1927




El rostro ha dejado de ser la imagen candorosa de los años febriles. El pelo sudoroso, abrasivo en mohines tardos, va cayendo al vacío. ¿No es así como estás con los pies desnudos sobre los cascajos de la tierra, acerándote para no ser otra cosa que el olvido? Mañana, te dices, cuando cante el gallo tendrás una visión aproximada de las cosas, lo que ahora ocurre no son sino fantasías y maledicencias de un tiempo exhausto. El encaje matizado en el cuello de la camisa. ¿Cómo voy a retenerla? Si sólo hay manchas ocres, desleídas voladuras del papel hacia algún lugar de la pose que aún queda en nosotros, mortificándonos, haciéndonos más sumisos. Tal vez sea el precio de la ironía, nunca regresamos del instante. ¿Cómo volver, si sólo hay manchas ocres? ¿Y este espacio oscuro, errátil, de dónde proviene? Como una sombra de café inadvertida, cándida, volcada de la taza, flexible, extendiéndose amorosamente hacia los bordes festinados del espejo, rozando la textura, robándola; pero, si apenas quedan detalles del rostro con unos lunares misteriosos que clarean las mejillas como si hubieran venido trabajando en silencio, lacerando la dimensión rectangular de la fotografía. El traje y el pañuelo en el bolsillo y el clavel rojo oscilando, entretejiendo la vana ilusión de la permanencia, no existen, solo apenas un pequeño círculo rotulado, como un sello, pero ...¿un clavel? ¿cuándo? Y, si en verdad lo hubo, qué mano podrá atestiguarlo en este momento, reintegrándolo de la arena pétalo tras pétalo...sólo arena, como en esta tarde de ensueños de la que nunca has querido despertar.

¡Como se estremecen los dedos! Han tocado la piel de esa joven. Al fondo sonriente, guiñando el ojo izquierdo porque alguien pasa en este instante por la sala, tan cerca que casi la ahoga con el ardor de su presencia.

La mano sobre el hombro sostiene un pañuelito de encajes con nombre bordado en azul que ha desaparecido porque apenas se ve el perfil de algunas letras sombreadas por la palma de la mano, ligeramente inclinada. Ella continúa mirando al extraño a pesar de que se ha marchado. El aroma y el agua de rosas se mezclan. Es tan tersa la piel entre la orladura del corpiño, en el escote ligeramente abierto que aprisiona los latidos del corazón, los labios insinuados porque, seguramente, quieren hablar de sus ansias, pero es inútil el esfuerzo porque no te has dado cuenta sentado en esa silla: todo armonía, reclinado, cruzando la pierna derecha y sosteniendo el bastón grabado con tus iniciales en la empuñadura de bronce, las manos una sobre la otra rendidas al extravió de la luz, pero no, no puedes sentir esa mano palpitante sobre el hombro, no se correspondería con tu actitud; ni siquiera la melodía que fluye del gramófono, deslastrado del silencio, puede alcanzarte; sin embargo, Ella se estremece de solo pensar en la gravedad del momento cuando las mejillas restañan el rubor para rescatarla del vaho de la espera.

Para siempre, se dijo, feliz, espléndida, girando levemente el paraguas en el piso. Hasta nunca, le has dicho. Lo sé, porque me ha sido difícil desprender esta insinuación borrosa que aún alardea en la sala cuando he pasado frente a Ella, mirándola con nostalgia y ardor contenidos, en un sentimiento de abandono y alegría que tú jamás comprenderás.

Guardo el gesto de sus ojos negros y el rumor de sus palabras agitándose en el tiempo, ahora cuando mis dedos avanzan silenciosos por el fragor de su piel... ¡Qué ingrávida es esta música de Haendell!



De: El resplandor (1996)



José Francisco Ortiz Morillo

domingo, 10 de junio de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ.




Flor Garduño (1957). Fotógrafa mexicana.



No siempre la poesía y el ensayo van de la mano, aunque el lenguaje perviva en las orientaciones del autor y, de alguna manera, logren permearse en un instante de lucidez, he observado por mi experiencia literaria que hay una respuesta inversamente proporcional a las formas que ambos destinos quieren recuperar de la vida. Es decir, si el poema goza del favor del público, hay en él un punto de quiebre que merma su posible fecundidad y se torna anodino, en cambio, con el ensayo, indica que hay una fortaleza en el lector que promete un universo de filiaciones en la medida en que crece su lectura. 


José Francisco Ortiz,
 Carache, 10/6/2012)


José Francisco Ortiz