Poesía, narrativa y ensayo del autor, su vida y su obra. Un blog de Elizabeth Conte Chassin-Trubert
viernes, 6 de mayo de 2011
miércoles, 4 de mayo de 2011
lunes, 2 de mayo de 2011
LUMBRE Y PASIÓN DE MAYO
A la memoria de Rafael
Olivares Figueroa,
eximio traductor de Valery,
colmena del alma infantil,
en su partida el 3 de mayo
de1972.

Freddy Ontiveros, pintor venezolano
(1951) - Apamate
Hoy, cuando el mes se desliza en el
color de los apamates, y todos los brillos de la naturaleza nacional se hacen
presentes, y la lluvia descorre sus cortinas de brumas para limpiar el cielo
del asombro, el mundo no ceja en sus fragores: allende una ciudad de relámpagos
se consume, como esas que nombró alguna vez Ítalo Calvino, merecida de un
destino mejor; hay truenos que apagan las voces cancioneras de los hombres y,
en esta inmensidad de siglos, seguimos en busca del significado de la
libertad, para amalgamar la concordia, la fe y la esperanza sin límites.
Hoy, el sol despeja las nubes. Y las
gentes viven sus miserias, sus graves miserias preteridas en el abandono;
otras, las menos, esperan que el maná de las ilusiones repare todo
aquello que el descuido de su voluntad no ha superado, y, sin embargo,
escuchamos – tratamos de aguzar los sentidos – en la blanda luz de los días, el
cascado balbucir del futuro que los termiteros del tiempo no podrán arrasar, y
ninguna estación quemante podrá ocultar entre las cenizas de las miradas
ciegas.
¿Cómo pensar y palpar el aire de
mayo, sin esa fragua de voces ausentes donde se preparó silenciosamente,
en el hervor de la tierra, la nobleza misma de la naturaleza? ¿Quién recupera
de los días de sol, la energía que fluye de las limpias hojas que los árboles
estrenan? ¿Quién las pule desde el fondo de los abismos para que alguien
cancele los derroteros del hombre?
Mayo existe contra el olvido. Todo
es memoria en lo posible de la vida como un remolino imbatible sobre los
arenales del horizonte.
Ahora, llegan nítidas las sombras de
la infancia: un círculo, junto a un vetusto árbol, atrae a los citadinos
calcados de una imagen danzante, colmada por el cantar de los años
renuevan el amor y la energía, y nadie escapa: las cuerdas melosas llevan el
tono de una pasión que no muere, el vino y las mujeres recuerdan; los niños
giran entre las luces y ríen, ríen con sus mínimos asombros que descubrirán
cuando lleguen las potestades y todo sea alumbrado y el círculo no sea más que
una garantía de la persistencia de un sueño.
José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 2/5/2011
Portada de la traducción de El cementerio marino, realizada por Rafael Olivares Figueroa. Ediciones del Grupo Viernes. La viñeta es de Gilberto Antolínez. Edición de 600 ejemplares. 300 en tela, numerados, y 300 en rústica, no numerados. Tip. La Nación-Caracas, 1940. El presente ejemplar pertenece al poeta Camilo Balza Donatti, quien fuera contertulio del autor junto a César Lizardo.
sábado, 23 de abril de 2011
martes, 19 de abril de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. TEXTUALIDAD DE LO ILUSORIO
TEXTUALIDAD DE LO ILUSORIO
(Pretexto para
una aproximación)
Edward Vásquez,
pintor dominicano (1979) - Tejedora de ilusiones
Con la
literatura, insistimos en la comprensión de las relaciones del individuo y la
sociedad. Relaciones no exentas de confrontación, asimilación y reintegración
de los conflictos en superación que, conquistados finalmente por la palabra,
adquieren un compromiso superior al enaltecer la cotidianidad transformándola
en un sistema de vivencias para la vida.
Una cabal
aproximación del acto creativo pasa por reconocer la insistencia del fervor
lúdico de la reacomodación de los objetos de la niñez en la estructuración de
la conciencia. Así se perfila, desde los primeros años de vida del individuo,
un entendimiento del mundo real en consonancia con los mundos posibles que van
formándose en el proceso de maduración.
A los largo de
la vida, constatamos cómo el valor del mito y su fuerza imaginaria no sólo para
la representación onírica sino para la comprensión de los actos lúdicos, y cómo
son proyectados en la madurez en la obra artística. Incluso reminiscencias del
folklore marcan los hitos de la identidad para que fluyan sin cesar, como una
red de miradas que convergen y divergen en el mundo originario que todos
llevamos dentro.
El imaginario
latinoamericano nos trae por fuerza la inclusión del concepto operatorio de
microuniverso para atender el espacio de las primeras experiencias del hombre,
es decir: su hábitat, la aldea, el pueblo, la ciudad y con ello alcanzar la
comprensión global del proceso creador.
Las tendencias
modernas del análisis del discurso abren para la semiología un espacio cada vez
más relevante. Nos hemos atrevido a usar el concepto de microuniverso y tratar
de recuperar desde los planos semánticos los integradores de esa realidad. En
este aspecto la ilusión, en su sentido de valor positivo, es el rasgo
distintivo de los discursos: alcanzar una estructura compleja como es el
pensamiento, gracias a un sistema no menos complejo como lo es el de
ilusionar.
La levedad es
un aligeramiento del peso (Calvino, 1988). Una metáfora, la humedad de las
palabras, es en sí misma una manera de alcanzar la levedad dándole peso con el
agua, incluso con el agua del río o de la lluvia porque el aire antes de la
borrasca, alígero dardo atravesando la noche para anunciar el amanecer, es
imagen atractiva. Cuánto de ello no hay en la poesía venezolana. El signo
rumoreante del olvido tiene por morada el mito, las leyendas y los cuentos, el
mundo onírico abrillantando sus espejos para engañar a la Medusa.
Un mito del
Alto Cuyuní nos propone una imagen de la levedad que, ciertamente, es fecunda
no porque los elementos que integran la historia y el vértigo de la lucha así
lo insinúen, sino por la circularidad del texto propiciada por la presencia
inesperada de un pájaro y su desenlace.
Escuchemos el
mito: “…en cierta ocasión, cuando menos lo esperaba, el extremeño Torre de
Aldana se tropezó con el decidido Tapiaracay. Ambos en ese instante de hallaban
sin acompañamiento alguno, y la selva “cuyunesa” era por demás tupida y opaca.
Sin perder un momento, la espada relució en la mano del conquistador. La macana
de Tapiaracay se alzó con violencia y coraje. La lucha se acrecentó de
esta forma sin vacilación alguna. Los dos hombres resultaban igualmente fuertes
y ágiles. Pero de pronto el español fue agredido inusitadamente por un ave de
grandes dimensiones que hizo firme presa en su cuello. Era
un paují de azuloso color y férrea contextura…” (Antonio Reyes,
1959).
Detengámonos
unos instantes en las expresiones: tupida/opaca, violencia /coraje,
fuertes/ágiles, azuloso/férrea, y espada/macana. Notaremos de inmediato que
tales expresiones designan planos de oposición pero solidarios en el conjunto
de la acción: conquistador /indígena, paují/ (azuloso/férrea). La levedad
surge de la opacidad de la selva/ azuloso color del paují. La opacidad es
grave, es densa; el azul es leve, luminoso. No nos interesa la lucha, el
encuentro de fuerzas, el peso girante en medio de la selva, aunque todo revele
una intención de levedad, sino porque el paují, armónico con la selva y
guardián del mito, ofrece una compensación de libertad.
José Francisco
Ortiz
Santa Cruz de
Mara, 16/4/2011
viernes, 15 de abril de 2011
jueves, 14 de abril de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LA EXPERIENCIA ESTÉTICA
LA EXPERIENCIA ESTÉTICA

Ferdinand Heilbuth,
pintor francés (1826 1889) – El lector
Hay
recurrencias, variaciones de un mismo tema, que acuden sin cesar en la
literatura, que fungen de aproximaciones entre la forma y el fondo. Nada más
impreciso.
Imágenes
entrecruzadas, siempre en la red de las representaciones, de las analogías, de
los acercamientos y, al mismo tiempo, distancias extendidas en el giro de la
pura expresión. Vuelve entonces la metáfora en la conquista de la memoria,
incluso cuando llega por extensión, por la gravedad de una conciencia
especular.
Así, la mirada
la construye y la afirma, se apropia del espacio, en busca de formas, y
rebota sobre sí misma para acallarse en los contornos de un nombre que fluye
levemente, sin prisa, en la soledad rumoreante de un destino, en los trazos
errátiles, difusos de la pintura de los niños, del arte ingenuo, ese primer
instante que en su transparencia es imperceptible en las sociedades del
lujo y de los excesos.
Y, sin embargo,
cualesquiera explicaciones acerca de la naturaleza de palabras vestidas, que
tratan de significar, no pueden ser más que denotaciones, expresiones que el
diccionario convoca a la existencia.
La palabra es,
nos dice. Y parece que todo acaba en el territorio de la literalidad, y, es
innegable que un mundo bulle desde las raíces de la imagen para que las
palabras no sólo sean sino que no sean.
Y es por esta
negación que el destino del lenguaje se apoya en la conciencia del hombre. Hace
algunas cabriolas, retoza y salta hacia lo imprevisto, huye de la cosa, y libre
se hace sustancia, forma alada, plasticidad enseñoreada sobre la cotidianidad.
Hablamos
entonces de intuición, de contemplación, de inspiración, de interpretación, de
experiencia estética, de lo original, del estilo en situaciones que van desde
la ciencia al arte, atravesadas por un orden epistemológico y que sólo se
resuelve entre la mano que escribe (pulsa, esculpe, pinta por decir lo menos
entre tantas tareas humanas) y los ojos que gravitan sobre los textos, sobre el
discurso.
La
contemplación es un ensimismarse, un volcarse hacia adentro con todas las
filiaciones externas para hacerse uno en la distancia y en el tiempo. La
contemplación puede ser un acto intuitivo de la duración, de la quietud.
Intuición, contemplación e inspiración aspiran a la armonía como una conquista
de lo absoluto, a un ser que reside en la belleza o en la verdad y que por su
esencia espejea desde lo ignoto. Sus brillos o sus lados de sombra propician la
experiencia estética.
José Francisco
Ortiz
Santa Cruz de
Mara 14/4/2011
miércoles, 13 de abril de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. REPRESENTACIÓN Y MEMORIA EN BRICEÑO GUERRERO
REPRESENTACIÓN
Y MEMORIA
EN BRICEÑO
GUERRERO
![]() |
J. M. Briceño Guerrero
|
Amor y terror en las palabras.
Toda mirada es un riesgo infinito de
esperar y desagregar en el espacio la fuerza de la costumbre. Es desplegar una
a una las páginas de un libro del cual aún no tenemos referencias, y las
páginas las suponemos en blanco, cuando, ciertamente, ya han sido elaboradas
pacientemente en la memoria.
Alguien,
extrañamente dentro de nosotros, escribe sin descanso. Dentro de esa vastedad
de sombras, una debe de imponerse. Una sombra que aspira a lo alto,
enseñorearse en ese tránsito de ser guía a las que ceden el paso. Rumorear en
notas imprecisas el hálito de una canción futura. Es una terca ilusión que
encadena y libera. Encadena porque hace posible los mundos de la creación
estética; libera porque lo humano se descubre en el abismo de las intuiciones.
Por supuesto,
constatamos en la literatura la grandeza y las miserias de una nación. Y aunque
la pasión por la desmesura insista sobre el largo camino de las sociedades
humanas, es casi seguro que nunca hayamos renunciado a los recónditos temores
que surgen del poder de las palabras. Toda literatura regresa a la cantera de
la imaginación para batir la mezcla del pensamiento.
Toda
aproximación a la obra artística debe de considerar dos niveles: la
representación (espacio) y la imaginación (memoria). Todas aquellas cosas que
se nos muestran como una estructura están marcadas por la figura sobre un fondo
real, pertenecen al pensamiento; aquellas cosas que devienen por fuerza del
recuerdo o que insufladas de la emoción o surgidas de un acto intuitivo
permanecen como imágenes originarias, pertenecen al mundo del arte: ambos
espacios no son compartimientos estancos o que obran aisladamente como si el
hombre no fuera una unidad en sí mismo; es natural que Briceño Guerrero,
como todo creador, trabaje en dos niveles. Y aunque insista en lo fático
de su relación con la signatura del mundo, obra más en las proporciones de
una poética subyugada por el mito.
Este es un
texto armado de claves. Desde el epígrafe de Heráclito, la justificación
de un prólogo que establece distancia con el autor y el enunciado narrativo
frente a las ideas, aunque se trate del mismo autor, y en este
sentido Heráclito viene en nuestra ayuda, pues quien escribe el libro y el
prólogo son el mismo, en la corriente de la vida, es decir, el tiempo como río,
dos imágenes se superponen en la distancia: el niño y el anciano.
También,
el nombrar los capítulos con letras hebreas es arma eficaz contra los
cielos de la costumbre. Se trata, en efecto, de un hombre de cultura sólida que
no va solo al encuentro del niño que está en la otra orilla del río,
esperándolo en el reino. El discurso se abre y discurre desde la sapiencia,
desde la cosa conocida como práctica de la racionalidad que bordea la dimensión
temporal del recuerdo hacia el orbe mítico de los lugares cercanos a las
primeras experiencias: los seres familiares, los amigos, la naturaleza en su
plenitud vegetal y mineral, la escuela y las palabras.
La signatura:
los signos, las palabras (las que encubren, las que brillan como los celajes
bajo el temblor de la luna, las que inventa y lo crean en el instante vegetal
de una magnolia redonda y serpeante en el jardín de la infancia); la signatura
del cuerpo en el fulgor exacto de las manos que recorren un nuevo discurso en
el terror del verbo liberado: la conveniencia insiste sobre las huellas que los
ojos inventan.
Autor y lector
se emulan en el espejo del idioma. La escritura navega por las venas del
imaginario y ambos son solidarios de una misma representación. Una tríada
converge y se difunde a lo largo del texto: Tiempo-narrador-reino. Tiempo y
reino están fundidos en la conciencia del narrador que sólo aspira al encuentro
del absoluto.
José Francisco Ortiz
Santa Cruz de
Mara 13/4/2011
martes, 29 de marzo de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. DEL SUEÑO Y OTROS POEMAS
DEL SUEÑO
![]() |
Marietta Berman, pintora venezolana nacida en Checoslovaquia (1917 –
1990) – Catedral
|
Las palabras sobrevienen con la avidez de la piel
en esta inmovilidad donde todo me es extraño
divisar el sueño en la levedad de la noche
es retornar de donde no se pertenece.
¡Ay!, esos cálidos rostros llenándolo todo
prevenidos no temen
es más, callan y esperan.
HERIDO SIEMPRE

Pedro Zerpa, pintor venezolano (1868 – 1948) – Atardecer
Herido siempre
he marchado sobre caminos de esperanza,
he querido mantener una quimera
¡ah!, tan solo Dios sabe de mi silencio.
A todo cuanto llego para existir,
mi mano tiembla:
el amanecer es una eterna recompensa.
¡Cuánto palpita!, ¿Qué importa?
He amanecido llorando
desde siempre.
DE: BAJO ESTA SOLEDAD (1972)
VENTANAS AL ALBA

Federico Brandt, pintor venezolano (1878 – 1932) - Interior
La casa abre
sus ventanas al alba
sobre el tinajero
el ángel reposa
esperando
umbral
donde agita sus alas.
CARACHE

Manuel Cabré., pintor venezolano nacido en España (1890 – 1984) – El Guaire
Las aguas del Minumboc
buscan ansiosas
los restos de esta piel
que no se entrega
al lastre de tantas estaciones
sólo estos árboles
sin otra medida en sus ramajes
deben estar dormidos
acallados en la sombra
inalterable de los cerros.
DE: LÉGAMOS (1985)

Jacobo Borges, pintor venezolano (1931) - Obra
Ahora regreso de esas calles
sobre un parque de antiguos árboles
que nunca borraron
la alta noche insensata y perenne,
son los fragores de una rama secreta
que me alejan, definitivamente,
de su larga y afanosa tarea.
En la hierba
los días se deshacen en palabras.

Nicolas Ferdinandov, pintor ruso (1886 – 1930) – s/t
Oh, juventud que sueles volver
con alas misteriosas,
hacia dónde te mueves, incansable
con la mirada plena de recuerdos,
como si una llave
viniera a descubrir los cerrojos
más íntimos de la naturaleza,
colmando la presencia de las cosas
en el fragor interno de la vida,
paciente y ardorosa, como esos árboles
que empozan su ternura en las raíces
para un tiempo
sigiloso y subterráneo
que horada
en el inasible corazón del hombre.
DE: CANTARES (1986)
VI

Luis Guevara Moreno, pintor venezolano (1924 – 2010)
La tarde reclama el inagotable sorbo de luz en la
rasgada pulcritud del mediodía.
Duende soñador de la distancia, ojos
al sigilo de la sombra, lámpara en la arena, sonaja en los tejados de esas
jugosas casas de la infancia, tardo vuelo de un pájaro sin rumbo porque en su
embriaguez gira de nuevo el universo.
VII

Mateo Manaure. Pintor venezolano (1926) - Orinoquia
Alguien trajina su ardorosa memoria
porque ha labrado el humo violento de las calles. Alguien reparte la noche con
sus manos laboriosas de redonda mansedumbre como quien lleva su destino en el
trémulo resurgir del corazón.
Alguien ha tendido la vastedad de
sus palabras y sólo escucha el recóndito sonido del amanecer.
Alguien a unos pasos del mundo deja
el pan que nos redime sobre el mantel de la vida.
DE: POEMAS
DEL MEDIODÍA (1990)
REVANCHA

José Basanta, pintor venezolano (1960)
En el lugar de los graves oficios,
la delación de una fatal tropelería: un hombre huye, no va solo; lo siguen sus
miedos, sus otros, sus costumbres que no son suyas. Igual identidad tiene su
sombra, arraigada a la tierra, no hay fuga posible, le sigue hasta el final
donde lo atrapa. ¿Cómo podría ser de otra manera, si es su plomada?
OBLACIÓN
George Innes, pintor estadounidense (1825 - 1894) - Final del verano
Montañas neblinadas de otros
tiempos, al cielo abren sus compuertas y las nubes anegan las calles con un
turbión cremoso que empastela las paredes, serpea pastales y peñascos
arrasados, y sobre la feracidad de la tierra, la embriaguez de los dioses. Oh, cuántas
canciones alientan al invierno. Tardas ceremonias esquivan las cabriolas
ululantes del río.
ARTE POÉTICA
Ver entre sombras en el interior del misterio futuras
ilusiones. Transgredir lo visible. Las palabras, orugas del sueño y la vigilia,
cáscaras aladas en el aire estremecido, voz áulica en raudas raíces,
fulguraciones de una existencia irremisible: calcar la realidad, conmoverla,
arrasarla en un sentimiento de olvido, encubrirla, restañarla con todos sus
despojos en el dominio presente, como un arco tendido hacia la vida. Esculpe
huellas sobre la piel del hombre.
DE: MUSGO DE NUESTRAS
ALDEAS (2002)
RAÍCES
A José Antonio Martín

Jens Juel, pintor danés (1745 – 1802) – Se acerca la tormenta
Las orugas hilan
calladamente
sobre los campos
trasiegan las vendimias
y vienen las tardes
con sus cántaros
a regar la sembradura
ruedan las semillas
como monedas en la greda
sus morosos estallidos
desde el fondo de la tierra
celebran la primavera.
AMANECER
A Oscar Silva
Armando Villalón, pintor venezolano (1945) - Ávila
El sol
atarraya mi corazón viajero
hace nidos y relumbra
intento aprender sus dictados
para no transcribirlos
en páginas derrotadas
amanecen ríos de luz
entre dos sombras.
DE: VOCALES
DE CENIZA (2005)
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1972,
1985,
1986,
1990,
2002,
2005,
BAJO ESTA SOLEDAD,
CANTARES,
JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO,
LÉGAMOS,
MUSGO DE NUESTRAS ALDEAS,
POEMAS DEL MEDIODÍA,
POEMAS PUBLICADOS,
POESÍA,
VOCALES DE CENIZA
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