sábado, 28 de abril de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. EL PEDERNAL



EL PEDERNAL





Ferdinand Hodler (1853-1918). Pintor suizo.








     Escribo sobre papel, aún escribo
     y saltan de pronto del pedernal
     fragmentos ariscos y sonoros,
     su brillo azul rasga y colma
     mis manos y suelo conseguirlos
     debajo de la mesa,
     migas de una antigua ilusión
     girando, girando hacia adentro
     contra el pulso que los retiene,
     y saltan ariscos, invencibles y sonoros
     sin que mi alma atormentada,
     por un instante, pueda retenerlos.




José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 20/4/2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO.



André Kertész (Budapest, Hungría, 2 de julio de 1894 - Nueva York, Estados Unidos, 28 de septiembre de 1985). Fotógrafo húngaro.





Cuando la mente anda en su hora de ocio, se toma algunas libertades, no sólo ilusiona, también crea, y al parecer alcanza mayores gratificaciones sin desgaste como le ocurriría en su habitual actividad humana. Es que el trabajo tiene en nuestra sociedad una orientación crematística, esclavizante y negadora del sentido lúdico en el hombre; en cambio, cuando termina la faena, la mente recuerda el recreo escolar, más que las vacaciones, siente un aire de libertad inexpresable. Los poetas recrean su espíritu y lo fortalecen, no por ausencia fabril, sino por presencia consagrada a la vida. 




Santa Cruz de Mara, 20/04/2012

domingo, 15 de abril de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. INEFABLE



INEFABLE



Armando Reverón ( Caracas, Venezuela, 10 de mayo de 1889 – Caracas 18 de septiembre de 1954). Pintor venezolano. Paisaje





     La tarde
     es un presagio
     inalcanzable
     a la frágil memoria
     de los sueños



De: Bajo esta soledad (1972)



José Francisco Ortiz Morillo

jueves, 12 de abril de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. CON ESTA PÁGINA SALVADA.




CON ESTA PÁGINA SALVADA

   
 
Alphonse Osbert (1857-1939). Pintor francés. El misterio de la noche.





     El viento trae las páginas rotas
     de un cuaderno que antaño lucía
     los nombres de amigos
     que forjaban sueños a la luz del día;
     tenían el corazón del tamaño
     que los hombres solemos tener,
     giraba la sangre hacia las estrellas
     y en las calles había un temblor
     con el nombre esperanza, utopía
     solíamos llamarla para que fuera
     más cierta, como si las manos
     pudieran encontrar el exacto volumen
     de las palabras, y el Minotauro
     desapareciera entre las sombras
     de las esquinas cruzadas de la vida.

     Alguien desvencijó el cuaderno,
     alguien trató de tachar
     los nombres de mis amigos
     y trazó una raya gruesa, estúpida
     como el muro de Berlín,
     con sus altísimas paredes.

     Qué hago ahora
     con esta página salvada,
     leo sus nombres
     simples y verdaderos,
     escucho sus pasos
     pero no los veo.




José Francisco Ortiz
Santa Cruz de Mara, 11/4/2012

sábado, 7 de abril de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. DIÁLOGO



DIÁLOGO


 
Rembradnt Van Rijn (1606 - 1669). Pintor holandés.  Dos ancianos.



     Sócrates viene algunas veces
     y conversa conmigo. Somos imágenes
     que el tiempo disuelve y repara
     sin que podamos alcanzarnos.
     No es la poesía—me dice—ni
     la riqueza, ni los honores o cargos
     sólo por la justicia el hombre
     cuida sus pasos. No sabe el viejo,
     porque no puede leer las cosas
     de este siglo, que la justicia es una
     palabra arrasada y vuelta tantas veces
     celestinamente a su virginidad,
     a su pudor socavado, pero
     justamente, le digo, en todo
     tendrías razón, sólo la poesía
     (¿por qué no lo sabías, oh, maestro?)
     es la divina justicia, la única
     que puede habitar el corazón humano.


José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 30-3-2012


miércoles, 28 de marzo de 2012

LIBERACIÓN



Ferdinand Hodler (1853 – 1918). Pintor suizo. El Otoño.



Las hojas de un largo otoño
abren sus aspas doradas,
arcanas fuentes,
de líquidas sombras,
confiadas en los vastos
hervores del orbe,
alientan sin mengua
la victoria del hombre.

Graves hervores
en la mansedumbre calan.


José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 28/03/2012

martes, 20 de marzo de 2012

LAS COSAS HABLAN



 
Pino Daeni (1939-2010). Pintor italiano. Momento fugaz. 




Qué extraño es este poema,
de Oscar Hahn,
si mi padre en sus 94 años, retirado
en su silla de ruedas
tratando de espaciar los enseres
allá en Carache, con su
accidente cerebro vascular,
digo, si mi padre pudiera leerlo,
quizás escucharlo,
y con su mirada ya lejana,
tendría un brillo especial
con sus ojos que aún viven,
de pronto nos diría:
tenía razón cuando los platos,
la mesa y las sillas comenzaron
a moverse solas, sin que nadie más
estuviera aquí, en este apartamento
encima de la montaña, y yo
los hiciera venir de tan lejos.


Santa Cruz de Mara, 10/3/2012



viernes, 16 de marzo de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. VERANO.



VERANO


 
Ovidio Murguía de Castro (1871 – 1900). Pintor español. Verano



Ha vuelto la cigarra a desgajar el aire
si sólo fuera una aprehensión,
un alto silencio,
una resaca en la orilla de los muelles
donde los barcos, lentos
van tomando la rada hacia otros mares,
escucharía infinito el rumor del oleaje;
pero nunca he estado más cerca del olvido
como en este lugar, donde me oprime,
con su larga mirada,
la resequedad del verano.

Podría haberme puesto la piel
de alguno de mis antiguos habitantes
(están más seguros, lo sé, en el sueño
que los cobija para siempre
de la pereza de mis costumbres)
pero en nada me les parezco, sólo llevo
los rudimentos propicios para el viaje.

Soy Nómade
pero estas escarbaduras
hacia dónde las llevo, lenitivos en la noche.


De: Cantares, 1986


José Francisco Ortiz Morillo

domingo, 4 de marzo de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. CRÓNICA


CRÓNICA


 Caspar David Friedrich (1774 – 1840). Pintor alemán. Entrada del cementerio, 1825




Debí de anotarlo. Como todo lo que escribo
se desvanece, no podría asegurar el tiempo
de su plenitud, ni la marchita redondez
de la tinta sobre las páginas donde vivieron
los terribles seres del abandono. Era un festín,
ardían las cumbres en el clamor incesante
de los bienaventurados, los antiguos
triunfaron sobre las mejillas pútridas
hasta el fondo anegado de la sangre,
con árboles cortados sobre un lecho de lujuria.

Surcaron el vértigo de insectos,
en el cielo junto a bosques virginales
de esplendores y voces temibles
porque todo era posible en el nuevo continente.

¡Ay!. Cuánta queja en el zumbido
y el trueno de los alimentadores de serpientes.

Una vez, una sola vez, y para siempre
debí anotarlo, pero no encuentro el cuaderno
donde aprendí el dialecto de mis antepasados.



Santa Cruz de Mara, 2/3/2012

miércoles, 29 de febrero de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ. AMANECER


AMANECER





Michael Kenna (1953). Fotógrafo inglés. Falise d´Abal Par Nuit, Etretat




Lenta es la noche sin estrellas
cuando está vacío el corazón humano,
no hay celebraciones ni cánticos
para ofrendar a los dioses,
sólo las aves atentas al celaje
de las piedras
que el cielo abandona a los abismos,
y el hombre quiere en la íntima
fortaleza de su alma acariciar
los bordes del viento, como un tejido
en la oscuridad perenne del sueño.
Abrigado está y no lo sabe
porque migra la pasión en sus raudales
hacia los confines del alba.



José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 26/2/2012





    








JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. QUIEN LAS RETUVIERA.



Tomás Delgado Arbelo, Sevilla, febrero, 2011






¿Quién las retuviera,
Naranjas-lunas
luna-tierra
una por una?
Lunancia
urdimbre del cielo
el fervor de la noche
trema las ramas,
quieta

José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 28/2/2012


domingo, 26 de febrero de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. OFICIO.



OFICIO

 
Auguste Rodin (1840 – 1917). Escultor francés. La piedra bruta 


a José Antonio Martín



Para entrar a la casa del escultor
hay que volver a las piedras
desbastadas,       
aligerar el paso de la grave
obstinación de los cinceles,

necesita las gubias,
un parto
espera su hora iluminada,

los giros,
en los golpes del corazón.

Así han de ser las palabras,
cobijadas del alma,
                devastadas.




José Francisco Ortiz Morillo
Santa Cruz de Mara, 25/2/2012.


JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO EN LETRA VIVA


miércoles, 22 de febrero de 2012

JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. LAS PALABRAS OLVIDADAS.



LAS PALABRAS OLVIDADAS
(Publicado el 13/5/1973. Panorama, Maracaibo)




I

Podría acaso estar en tu lugar: llegar sobre tus huellas y permanecer frente a la mirada que se pierde en el horizonte de niño… de niño. ¡Como huele a hierba a tierra de no sé dónde

            ¡Enciende la luz muchacho!

            Que te vea, que tu voz sea el acento nuevo sobre la casa vieja, la brisa de las mañanas y el galopar de los caballos; que tu sonrisa llegue hacia el amanecer de los pájaros que cuentan sueños junto a tu libro olvidado en la cabecera; que tus manos recojan de nuevo la tierra y hagan maravillas ante los días para que la semilla sea un nuevo mundo y el corazón esté en todas partes.

II

            Pero tú eres el pequeño, el apenas sonriente. El que llega hasta mi regazo para partir de nuevo bajo un sol que nada finge y te enseña la Libertad de la Luz… Y así desde el límite de la mirada nada se vislumbra todavía… solo que tú eres un pequeño y ya entiendes de estas cosas que anhelan ser nuestras y permanecen atrapadas.

            Pero tú eres el pequeño, el apenas sonriente: toma estas semillas y llévalas hasta donde alcanza tu sombra… renuévala… encáusala. Yo te he dado mi aliento junto a un río para que al encontrarte con los hombres les cuentes la historia y les hagas comprender que no hay soledad más triste que la renuncia a la verdad. Te formé junto a un árbol para que llegaras a encontrar en la brisa la semejanza de los que murieron antes, mucho antes, por nuestras vidas y te he colocado cerca de la hierba para que la naturaleza sea tu amiga y la encuentres serena y pródiga y que tu aliento llegue más allá de donde aparecen las sombras… por eso has nacido en el día.

            Pero tú eres el pequeño el apenas sonriente.

III

(Llegamos todos a un mismo rumbo: se canta. Fogatas y alrededor de la noche tan cerca del hombre y de la vida misma largos trovadores entonan un canto).

            El acento es de todos como hacia una misma voz. La liberación que hoy me nombra con la fuga de los pájaros, en el silencio del tiempo y en las catedrales jugosas de la infancia.



José Francisco Ortiz Morillo.


JOSÉ FRANCISCO ORTIZ MORILLO. EL AMANUENSE.



EL AMANUENSE



Alexandre-Gabriel Decamps (1803–1860). Pintor francés. El lector, 1846






Estoy seguro –dice melancólicamente – que al subir, en el último piso volveré a la realidad... Desde la plaza la avenida es temible, corta el aliento, los edificios están agrupados de tal manera que los transeúntes no se distinguen entre sí (cuerpos y sombras imprecisas).

El joven busca, entre los signos grabados en las puertas, las señas que difusamente le muestra el papel que sostiene su mano derecha; se muestra inseguro, gesticula palabras incomprensibles, levanta las manos en forma amenazadora «Oh, Dios, es posible que me haya equivocado de nuevo». Giró suavemente como si asintiera el fracaso.

- Ved a esa gente escurridiza esperando un movimiento en falso para caer sobre nosotros, nada puedes precisar en sus miradas, están dedicadas, con toda seguridad, a una labor extraña, gente que como observas son el populacho: serviles en extremo, envenenados diariamente en sus débiles desafíos: intentan entregarse al mejor postor, si les omiten llegan hasta la crueldad, son incautos...nada pierden – expresaba el amanuense, mientras zigzagueantes avanzaban por entre la muchedumbre que plenaba las cercanías de la zona comercial de la ciudad, a grandes pasos cruzaron la calle central y se introdujeron en uno de los edificios.

Ya adentro se dispusieron a colocar los objetos en orden. En el salón, aquí y allá, junto a los andamios los libros aparecen colocados de manera sobria, pues, seguramente, no han sido tocados en mucho tiempo; en la pared, curiosamente colgados, algunos cuadros de pinturas innominados, abstractos.

Piense que las cosas abren su dolor al mundo – dijo el joven... hay algo en el Universo que aún nos es desconocido.

- Es un riesgo, todos venimos desnudos...luego hacemos el camino – arguye inquietamente el amanuense.

- Si, en verdad, a mi parecer es cierto, pero el abrigo de la vida no ofrece su calor con generoso equilibrio. Esta es la diferencia. Empatía. Comprende usted, empatía-reitera el joven- es lo que necesitamos. No podemos quedarnos en la opacidad de este salón ... aquí habitan tantas generaciones, pero se qué nos sirve si afuera palpita el corazón.

- Bah! Ingenuidades ... todos los jóvenes son así. Creen que pueden cambiar el mundo y terminan en qué.

El joven osciló brevemente, sintió que el fuego le llegaba al rostro, no pudo evitarlo, se sentía pequeño, enmudecido, golpeado. Comprendió fatalmente que en la ciudad todo giraba sobre un eje y que aquel caos externo no era sino una manera de controlar cualquier actitud que se mostrara en contrario. Antes de venir a usted, mi trabajo era distinto y, sin embargo, mi posición es la misma ¿Me comprende?.

- No lo entiendo, explíquese

- Bien, mi tarea ha sido infructuosa. Aún levantan sus casas y arguyen situaciones que intento reconocer pero que solo imito para quedarme entre ellos, es cierto, no tengo lugar definido a dónde dirigirme, mejor dicho, en cierta forma, entre ellos estoy guarecido.... aunque no seguro. Me imponen una labor que debo cumplir a cabalidad, de lo contrario estaría perdido, es decir, sería confinado sin apelación, sin retorno. La oscuridad no se permite límites. He aprendido a ser un extraño, a conducirme como tal. Llevo mi trabajo sin que no abrigue sospecha, el que funge de jefe se muestra complacido, me halaga, dice palabras bondadosas, habla de mi futuro y de mi estabilidad (mis competidores se muestran ofuscados, trabajan en silencio), mi tarea consiste en no contrariar las actividades erróneas que suscite el sistema, al parecer ellos no son susceptibles de error, eso piensan. En cuanto a mi debo llevar una pulcra y detallada relación de casos atendidos, se me ha investido del poder de pensar por los demás... si me arriesgo en comprender, es decir sin consejos, se me conmina, se me conmina, se me explica que no debo excederme. ¡Al diablo! ¡Estoy harto de tanta mentira, me levanto, peleo, gruño-. Y nada, lo importante es mantener los anaqueles llenos de hojas, atiborradas de carpetas limpias y brillantes.

¡Mucha vistosidad! Estadísticamente, que es lo que importa, deben aparecer infinidad de casos atendidos... luego, más carpetas, montones de carpetas, montañas de hojas ¡ah, míseros cuanto pueblo viene a abonar el saldo! ¿Qué pasa si uno trata de comprender?

Anonadado, el viejo amanuense no supo que argüir, las cosas giraban violentamente, y apenas si alcanzó con sus temblorosas manos una de las sillas próximas al desván. Guarda en el portafolios los finos lentes, y de uno de los bolsillos saca un pañuelo perfumado y limpio que enjuga sobre la frente.

El sordo golpe de la puerta retoma el frenesí de las calles, las luces mostraban los ventanales de la vieja ciudad y las casas lucientes de cálidos colores envolvían, con abrumadora esperanza, los pasos de las gentes...

-Qué imagen puede sobrevenir, sé que detrás de cada rostro, detrás de la miseria y del dolor qué les encubre... del lodo, hay una llama que emerge desde el fondo con denodada labor, sólo allí, en ese instante, rasgando el silencio aparece la condición humana. Todos habitamos un mundo extraño.

¿Qué se nos puede ocultar?. No puedo ver si no a través de las sombras de los tristes, donde el fulgor de los antepasados abrevia el camino, indaga desde todas partes. he aquí la nostalgia. Toda la verdad.



De: El Amanuense (1980)


José Francisco Ortiz